Ídolo de la afición madrileña en su etapa de novillero, no consiguió hacer el paseíllo en San Fermín.
Luis Alfonso Garcés falleció el viernes, a los 83 años, en un hospital madrileño. Aunque nacido en la localidad conquense de Pozorrubio de Santiago, vivió desde niño en Madrid, muy cerca de Las Ventas, que acabó siendo su plaza y que fue testigo de las mejores tardes de su efímera carrera. Descanse en paz.
Cortó una oreja en su presentación como novillero en Las Ventas en 1958 y causó tal sensación su elegancia y clase que lo repitieron una semana después. Esta vez sí le cortó las dos orejas a un novillo de la ganadería portuguesa de Infante de Cámara, abriendo la puerta grande. Los éxitos se sucedieron en algunas novilladas siguientes.
En figura de los novilleros, Luis Alfonso Garcés dio el gran paso de tomar la alternativa en Las Ventas el 10 de julio de 1960. Era la Corrida de la Prensa con la plaza llena. Manolo Vázquez le cedió los trastos en presencia de Gregorio Sánchez, con toros de Alipio Pérez-Tabernero. Su última actuación de luces fue precisamente en Las Ventas el 28 de junio de 1966, con toros de Charco Blanco.
Tras su retirada, permaneció ligado al mundo del toro y en los últimos años ejerció como apoderado de algunos toreros.
Cinco actuaciones en Navarra
Se presentó en Pamplona el 19 de junio de 1961, a menos de un mes doctorarse. Fue una novillada picada que se organizó con motivo del acuerdo de hermanamiento entre Bayona y la capital de Navarra, y la que acudieron seis mil espectadores. Alternó con Efraín Girón, que dio dos vueltas al ruedo, y Terremoto, que defraudó. Se lidiaron seis novillos de Matías Ramos, de Salamanca, bien presentados y que, en conjunto, resultaron buenos. El novillero considerado de Madrid triunfó rotundamente y, además, dejó una magnífica imagen. Estuvo muy bien ante los dos de su lote, primero y cuarto, éste peligroso por el lado izquierdo. A este utrero le cortó la dos orejas y ya había paseado del que había abierto plaza.
Regresó al año siguiente, ya como matador de toros. Hizo el paseíllo el 1 de junio, festividad del Corpus, para torear en una corrida a beneficio de Pro-Matemáticas de Dios, en la que los tres diestros actuaron gratis. Se registró una entrada floja. Alternó con Fermín Bohórquez (oreja) y Dámaso Gómez (oreja en ambos). Se lidiaron cuatro toros de Abdón Alonso, bravos, nobles y escasos de fuerzas, y uno para rejones de Bohórquez. Su primero se rompió una pata en el tercio de banderillas y tuvo que ser apuntillado. A su segundo le realizó un trasteo bello y eficaz, a base de derechazos; mató de una estocada y se le concedió una oreja.
Estas dos actuaciones en Pamplona no fueron las únicas que protagonizó en Navarra. En 1960, ya como matador de alternativa, toreó en Estella y en Tafalla. En la primera alternó con Dámaso Gómez, que dio una vuelta al ruedo, y Solanito, que le cortó una oreja al segundo. Se lidiaron seis toros de Matías Ramos, bravos en general, que se dejaron torear. Dio la vuelta al ruedo cuando dobló su primero. Y frente al sexto se ganó al público con una faena efectista en la que no empleó la izquierda. Mató de una gran estocada y paseó en triunfo el rabo de ese sexto de Ramos.
En Tafalla ni tuvo tanta suerte ni dejó esa buena imagen. Hizo el paseíllo con Dámaso Gómez, que dio una vuelta al ruedo tras despachar al cuarto, y con Curro Girón, que rubricó un triunfo redondo, de cuatro orejas y un rabo. Se lidiaron seis toros de Ignacio Sánchez y Sánchez, un lote variopinto, bien armado y de muy buena pinta, de los que cuatro fueron verdaderos “pasteles”. Mató mal a su primero, lo que provocó muestras de desagrado por parte del público. Y lo mismo ocurrió frente al último, aunque esta vez el respetable guardó silencio.
Al año siguiente, 1962, regresó a Estella, en la que acabaría siendo su última actuación en Navarra. Compartió cartel con Curro Montes, que dio una vuelta al ruedo, y con Orteguita, que le cortó las dos orejas al segundo de su lote. Se lidiaron seis toros de Abdón Alonso, de bella estampa, serios de cara pero que formaron una mansada peligrosa. No hizo nada sobresaliente frente al que abrió plaza y, ante al cuarto, tiró a abreviar y salió del paso como pudo. Sus dos faenas recibieron pitos del público. De esta triste manera dijo adiós a Navarra.









Festejos taurinos Pamplona, S. XIX