FALLECE EL DIESTRO RELÁMPAGO, QUE TOREÓ DOS TARDES EN PAMPLONA

Manuel Bravo 'Relámpago' en la plaza de Zaragoza. Fotografía: El Ruedo, publicada por Aplausos.es

Manuel Bravo ‘Relámpago’ en la plaza de Zaragoza. Fotografía: El Ruedo, publicada por Aplausos.es

El funeral se ha celebrado hoy, jueves, en la Iglesia parroquial de San Pedro de La Catedral de Jaca.

El matador de toros Manuel Bravo López “Relámpago” falleció el martes, 19 de enero, a los 85 años de edad. Nacido en Zaragoza el 5 de abril de 1935, era hijo del picador Antonio Bravo “Relámpago”.

Sus primeros pasos en el mundo del toro fueron en 1952, tomando la alternativa el 11 de octubre de 1960 en la plaza de toros de Zaragoza. La tarde de su doctorado estuvo acompañado de Gregorio Sánchez, como padrino de la ceremonia, y Diego Puerta, de testigo. Los toros de aquella jornada fueron de la ganadería de Samuel Flores. El toro de su doctorado atendió por nombre Saltito.

El funeral se ha celebrado este jueves en la Iglesia parroquial de San Pedro de La Catedral de Jaca, siendo incinerado en el tanatorio Santa Orosia de Sabiñánigo. Descanse en paz.

Buenas actuaciones

Relámpago toreó dos tardes en Pamplona, ninguna de ellas en San Fermín. Debutó en la capital navarra el 17 de junio de 1954, festividad del Corpus Christi. Fue una novillada picada con escasa asistencia de público. Alternó con Gilberto Zamudio ‘Chamaco’, que dio una vuelta al ruedo, y con Aurelio Salamanca, que debutó con picadores.

Todos ellos lidiaron un encierro de utreros salmantinos de Ramos; tres fueron muy buenos y tres muy mansos pero manejables. Se encargó del segundo y del quinto, y en ambos casos, tras matarlos, dio la vuelta al ruedo.

Regresó a Pamplona siete años después, en junio de 1961, para torear en un festival que organizó la peña Oberena con motivo del Día de la Alegría. Hizo el paseíllo con Antonio Ordóñez, Isidro Marín y Rafael Pedrosa. Se lidiaron novillos de Martínez Elizondo, de buen juego en general. Relámpago entró en el cartel como sustituto de Julián Marín.

Le correspondió el cuarto y último del festival. Puso todo su buen deseo de agradar. Realizó una buena faena, variada, pero perdió los trofeos porque tuvo que entrar varias veces a matar y tardó en descabellar. Pese a ello, se le ovacionó con fuerza y dio la vuelta al ruedo.

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