UNA OREJA PARA BASTOS, UNO BUENO DE PEDRÉS Y POCO MÁS EN PERALTA

Derechazo de rodillas de Bastos a su primero. Fotografía: Sagüés.

Como en la novillada de rejones, decepcionaron, en conjunto, los utreros de Valle Blanco.

Ganado: Cinco utreros de Valle Blanco, de distintas hechuras y juego, mansos en general, y uno, el tercero, de Pedrés, menos cuajado pero con clase. Ovacionado de salida el quinto, el mejor de la tarde, y al arrastre segundo, tercero y cuarto.

Novilleros: Pablo Páez (saludos y silencio), Diego Bastos (oreja y saludos tras aviso) y Nek Romero (saludos tras aviso y silencio tras aviso).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Peralta (Navarra). 5 de septiembre de 2024.

Incidencias: Dos tercios de plaza. Tarde fresca. Tercera de feria. Tras banderillear al quinto, saludaron José Germán Martín y Salvador Lobato.

La tercera novillada, con cielo nublado y fresquito al final, más de media entrada y bajo la buena presidencia de Ángel Castillejo, se saldó con una solitaria oreja para Diego Bastos. El sevillano, animoso y asentado, contactó desde el principio con la parroquia.

Le cortó una oreja al primero de su lote, Insolente. Fue un animal con muchos defectos (sin ritmo, mirón, andarín y escarbador), pero que se movió con cierta alegría en la mandona muleta de Bastos. Enfrentamiento interesante que no daba para oreja, pero como era antaño, una gran estocada fue el salvoconducto para llevársela de manera merecida. Mejor utrero y mejor manufactura se vivió en el quinto, un Limonerito que cumplió bien en varas, tuvo fijeza y noble y manejable juego. Hubo, luego, tandas entonadas de Bastos por los dos pitones. En esta ocasión pasó al contrario: perdió una oreja y la consecuente salida a hombros por mal de aceros.

El rondeño Páez, sólo puso voluntad con un mal lote. Toreó tan despegado y a tanta distancia de los novillos, que los tendidos desecharon su mercancía adulterada.

Al valenciano Nek Romero por la mañana el sorteo le había adjudicado un bonito novillo de Pedrés que remendaba el encierro y un utrero de Valle Blanco más feo que todos los tomates del concurso de Tudela. El de Pedrés era un novillo de confianza para los ganaderos. Se metió bajo los pechos del caballo de picar y peleó bravo. Embistió en redondo en la muleta de Romero, con docilidad, temple y mucha clase. El de Algemesí olía a pólvora y se veía como triunfador, pero cuando cogió el estoque pegó un mitin de pinchazos y bajonazo.

Con el novillo feo la cosa fue peor. Era feo por dentro y por fuera y a Romero le costó un mundo centrarse con él. Con el público destemplado, los tendidos le pedían que acabase pronto el encargo y para rematar, se volvió a cruzar con los hierros.

Extracto de las crónicas de Manuel Sagüés y Mariano Pascal.

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