NAVARRA, CUNA DEL SONROJO TAURINO. ARTÍCULO DE OPINIÓN

La bandera de Navarra, la misma que une y representa a los habitantes de un territorio de multisecular tradición taurina.

La bandera de Navarra, la misma que une y representa a los habitantes de un territorio de multisecular tradición taurina.

Este mismo artículo aparece publicado en la edición de esta semana de la revista ‘6 Toros 6’ (pg. 33) y pretende dar a conocer al mundo taurino el desaguisado que puede provocar el nuevo reglamento taurino de Navarra.

Se dice que Navarra fue la cuna del toreo y algo hay de verdad en ello. Como tan cierto es que durante los siglos XVIII y XIX, los toros navarros, por su pujanza, por su bravura, eran requeridos por las principales plazas, como las de Madrid y Barcelona, e incluso por la de Sevilla. Toros de Carriquiri, de Poyales, de Lecumberri, de Guendulain, de Lizaso, de Pérez de Laborda, de Zalduendo, de Elorz, de Díaz, de Alaiza, de Conde de Espoz y Mina… dieron prestigio taurino al conocido como Viejo Reyno.

Actualmente, en Navarra conviven alrededor de 600.000 personas. Su capital, Pamplona, cuenta con tres universidades, lo que le otorga, en conjunto, un buen nivel cultural. En el terreno sanitario, por ejemplo, se encuentra a la cabeza de España. Y su nivel de vida la sitúa en la parte alta del conjunto de comunidades autónomas.

La afición taurina se mantiene viva en Navarra. Cada año se celebran en esta tierra alrededor de 60 festejos taurinos con muerte, mil pico de los populares, entre capeas, encierros, suelta de vacas, recortes, anillas…, y los encierros de San Fermín son conocidos por una gran parte del planeta. Respecto a los aficionados, existen unas veinte asociaciones taurinas, entre clubs y peñas, que engloban a alrededor de cinco mil personas. Una de ellas, la Asociación Taurina Nuestra Señora de Legarda de Mendavia cuenta con casi mil quinientos socios e incluso tiene plaza de toros propia, denominada Cárcava Brava.

Con esta introducción he querido dejar claro que, guste o no, Navarra ha sido siempre una provincia o una comunidad de gran tradición taurina, en todas sus manifestaciones.

Sospechoso panorama

En el terreno político, desde hace dos años gobierna en Navarra una coalición cuatripartita –Geroa Bai (PNV en Navarra), IU, Bildu y Podemos-, una auténtica ensalada política, difícil de digerir, creada con el único fin de derrocar a UPN del gobierno, cosa que hicieron.

En estos dos años, hasta ahora, todo había transcurrido tranquilo, sin problemas ni sobresaltos en el terreno taurino. En 2011, todos los estamentos taurinos de Navarra se reunieron con la Administración y se elaboró un borrador de reglamento taurino, que, por desgracia, no pasó de eso, de un borrador.

Y ahora, cuando todo estaba en calma, surge ese nuevo intento de reglamento, realizado sin ningún consenso, y dado a conocer una semana antes de vencer el plazo de alegaciones, plazo que finalizaba el 22 de marzo. Escasa información, oscurantismo, cierta alevosía, que llevan a pensar en pérfidos fines. Ese borrador si no da una estocada a la fiesta en Navarra, sí supone un mal puyazo, tan doloroso como premeditado. ¿Con qué objetivo se pretende poner en marcha ese borrador, esa normativa, ese esperpento taurino? Algo busca, sin duda, y más si se tiene en cuenta que nadie lo había pedido.

Ejemplos reales

El polémico borrador reduce a mínimos la regulación de la lidia dejándola en manos de la empresa organizadora. Y, por el contrario, endurece las condiciones de seguridad de los festejos populares, como los encierros y las sueltas de vaquillas, al exigirles la presencia de un director técnico y la existencia de un plan de seguridad.

Respecto a los festejos mayores, con muerte de astados, no contempla figura o palco presidencial alguno (sólo se refiere a un delegado de la Administración) ni tampoco hace mención a un orden de lidia (los tres tercios); es decir, podría salir al ruedo el toro y, tras tres trapazos, recibir una estocada.

Sigamos con el despropósito. En él se puede leer: “Los profesionales taurinos. Si durante la lidia cayera herido, lesionado o enfermo uno de los espadas antes de entrar a matar, deberá ser sustituido en el resto de la faena que le corresponda por otro de los espadas anunciados”. (¿Cuál de los otros dos? ¿Al que se le ofrezca más dinero?). Y continúa: “La empresa organizadora asume la responsabilidad de contratar a los profesionales taurinos que resulten necesarios, atendiendo a su número y categoría profesional, para el normal desarrollo del espectáculo”. El ignorante redactor de este borrador ¿pondría su vida en manos de desconocidos? En este punto, se puede entender que, de cara a reducir gastos, la empresa podría contratar una única cuadrilla para los tres matadores de toros. Los hombres de plata y los varilargueros, lejos de ser desconocidos, forman el equipo de confianza del matador y éste, que se está jugando la vida, se siente más tranquilo con su labor.

Las sorpresas continúan en lo referente a la edad de los toros para la lidia. Se admiten los toros de seis años en las corridas de toros y en las de rejones. Asimismo, se permite que las astas de las reses estén manipuladas, siempre que aparezca tal condición en el cartel anunciador. “En todo caso, la merma de los cuernos no podrá afectar a la clavija ósea”. Y también se pueden lidiar reses defectuosas “aptas para la lidia”, siempre que en los carteles aparezca la advertencia de “reses defectuosas”.

El capítulo IV se refiere al tiempo de lidia. “La faena a realizar con cada res tendrá una duración máxima de 20 minutos. A este efecto, se entiende por faena el tiempo transcurrido desde la salida de la res al ruedo hasta su devolución a los corrales, una vez muerta la res”. “Las reses no recibirán más de tres puyazos”. “No podrán colocarse más de seis banderillas”. Y si pasan cinco minutos después de que el espada haya entrado a matar, la res será devuelta al corral o apuntillada. No concreta si es después de la primera entrada a matar ni tampoco qué puede hacer el diestro dentro de esos cinco minutos.

Trabas a los festejos populares

En lo referente a los festejos populares –alrededor de mil doscientos cada año en Navarra-, el panorama no mejora. Sólo se preocupa de intentar incrementar la seguridad. ¿Cómo? Creando la figura de un director técnico, que representará a la empresa organizadora pero que cobrará de las arcas de cada municipio. Y estableciendo un plan de seguridad obligatorio, con su consiguiente coste. Muchas poblaciones pequeñas no podrán asumir el citado coste y, consecuentemente, tendrán que renunciar a ofrecer festejos taurinos populares.

Además, el borrador maldito fija en quince minutos la duración máxima de los encierros y en tres horas la de los demás espectáculos. ¿Qué ocurre si uno de los ocho encierros de San Fermín se prolonga durante más de quince minutos, como ya ha sucedido en diversas ocasiones? Como canta Rafael, “¡qué sabe nadie…!”.

La ignorancia es tal que ese intento de reglamento distingue tres espectáculos tradicionales: el toro ensogado de Lodosa, el encierro de El Pilón de Falces y la traída de vacas de Cintruénigo. Se olvida del principal, del que ha adquirido fama mundial, del encierro de Pamplona. “Manolete, Manolete, si no sabes torear a que te metes”.

Cuestión de cordura

Cuando se pretende poner en marcha una ley (decreto, normativa, reglamento…) para actualizar otra existente, el objetivo es siempre mejorar e impulsar la materia a la que se refiere dicha ley.

En este sentido, el nuevo borrador del reglamento taurino es, simplemente, una aberración, carece de sentido taurino, choca con la Tauromaquia, y denota que ha sido realizado por ignorantes del mundo taurino.

Sinceramente, para aprobar ese esperpento, es mejor que siga en vigor el actual reglamento y destruir ese borrador.

Y, por otro lado, si queremos acercar el espectáculo de los toros a Cultura, debemos observar, estudiar, e incluso copiar, el modelo francés. A partir de éste, sí tendría sentido una nueva reglamentación.

Sólo queda que el Gobierno de Navarra recapacite y retire ese borrador. No aporta nada positivo y pude conllevar muchos desórdenes públicos si los empresarios se amparan en él y ofrecen un espectáculo a 50 euros, por ejemplo, que con ese nuevo reglamento puede no valer ni diez. Navarra ya ha celebrado la Feria de San Raimundo en Fitero, sin problema alguno y con una estupenda respuesta del público. La próxima cita taurina será la pamplonesa de San Fermín. Aunque ese reglamento se apruebe, la Feria del Toro apenas se resentirá, pero sí comenzarán los problemas con las de Tudela, San Adrián, Estella, Lodosa, Tafalla, Peralta, Olite, Corella, Cascante, Cintruénigo, Sangüesa… relación de localidades que dan muestra de la fuerza, del vigor taurino que mantiene e incluso caracteriza a Navarra.

Espero y deseo que el citado esperpéntico borrador termine en una papelera, que acabe imperando así el sentido común, ¡ojo!, el menos común de los sentidos.

Koldo Larrea.

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