J. JOSÉ PADILLA: “GRACIAS, PAMPLONA, POR TU CARIÑO Y TU RESPETO”

Juan José Padilla recibe un obsequio de Miguel Eguíluz, Iñaki González y Miguel Reta, sus principales amigos de Pamplona.

El diestro jerezano recibió un emotivo homenaje en la UPNA, que puso el punto final a las VIII Jornadas sobre el Ganado de Lidia.

Las VIII Jornadas sobre el Ganado de Lidia se clausuraron ayer con un emotivo homenaje al diestro Juan José Padilla, quien, como si de un ruedo se tratara, saludó con torería para corresponder a la cerrada ovación que el público le tributó; sinceros aplausos que recogió tras la exposición de un vídeo que recogía su biografía y su trayectoria torera, realizado y glosado por los veterinarios Antonio Ruiz y Antonio Moreno.

El diestro jerezano, muy mejorado del percance que sufrió en la plaza de Zaragoza, comenzó su intervención con las siguientes palabras. “Tengo que confesar que si bien recibido he sido en todas las plazas de toros, la de Pamplona ha sido donde mayor emoción he sentido. Gracias, Pamplona, por el cariño y el respeto recibido. Gracias al tendido de sol y también al de sombra. Gracias a la Casa de Misericordia por el trato que me habéis dado”.

Sus siguientes palabras, con la voz entrecortada, fueron dirigidas a su esposa, Lidia Cabello, allí presente. “Quiero dar las gracias también a una mujer, a su amor y su comprensión, a una mujer que todo lo ha sabido asimilar y todo lo ha compartido conmigo, a la más maravillosa del planeta Tierra. Gracias, mi amor, te quiero”, palabras cargadas de emoción ante el silencio sepulcral, maestrante, del público.

Preguntado por si guardaba rencor al toro que le cogió tan dramáticamente en Zaragoza –el llamado Marqués, de Ana Romero-, el torero gaditano fue claro. “No puedo guardar rencor a ningún toro. Su deber es coger y el de torero, evitar el percance. Lo decisivo es que nunca perdí la fe y di gracias a Dios por haberme salvado la vida”.

En este sentido, un aficionado le preguntó si era creyente. “No concibo la vida sin la presencia de Altísimo. Me considero cristiano y muy religioso. De hecho, y perdón por la expresión, he tenido que tutear a Dios y decirle que me ayudase para volver a vestirme de torero”, reconoció el llamado Ciclón de Jerez.

Respecto a Pamplona, el torero recordó al par de toros de Miura –Bombito y Alpargatito– que le permitieron triunfar en 1999, en la tarde de su debut, y después torear en otras muchas plazas, toros cuyas cabezas presiden el rincón dedicado a Pamplona en el comedor de su casa. Y a Sureño, también miureño, que en la misma capital navarra, en 2001, cuando el diestro entraba a matar, le atravesó el cuello, “sin que el pitón tocara ni carótida ni yugular, gracias, a buen seguro, al quite prodigioso que me hizo San Fermín, del que soy muy devoto”, declaración que figura en la ponencia que presentó en las citadas jornadas, titulada “Mi Pamplona del alma”.

Este texto lo cierra con las siguientes palabras: “Y para terminar, sólo dar las gracias a todos los navarros, pues son gentes sanas, sencillas y nobles de corazón, por el calor que me brindan cada vez que piso esa plaza, llenando mi alma de alegría y haciendo que sienta emociones difíciles de describir con palabras. Por eso, cuando Antonio Purroy me invitó a participar en las jornadas de esta universidad no lo dudé, pues jamás le podré devolver a Pamplona todo lo que ella me ha dado”.

El homenaje a Padilla concluyó con la entrega de un obsequio –una composición fotográfica del encierro de Pamplona- por parte de sus amigos Miguel Eguíluz, Iñaki González y Miguel Reta, la auténtica guardia pretoriana en Pamplona del gaditano.

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