Saldó su encerrona en Estella con una salida a hombros tras haber cortado seis orejas y un rabo. Imágenes.
Ganado: Por orden de lidia, toros de Romao Tenorio, Hermoso de Mendoza, Benítez Cubero, Rosa Rodríguez, El Capea y San Pelayo. Destacaron el que abrió plaza, Raposo-46, de Tenorio, premiado con la vuelta al ruedo, y el tercero, Librero, de Benítez Cubero.
Rejoneador: Guillermo Hermoso de Mendoza (oreja, oreja, dos orejas, ovación, ovación tras aviso y dos orejas y rabo).
Lugar y fecha: Plaza de toros de Estella (Navarra). 2 de agosto de 2025.
Incidencias: Lleno. Tarde agradable. Primera de feria. En el tercero fue invitado a poner banderillas el rejoneador sobresaliente Pablo Velásquez y en el cuarto, el también rejoneador Pablo Donat. El cuarto saltó al ruedo, cuando el caballero navarro se estaba cambiando de atuendo en la travesía de la plaza de toros. El jinete estellés, que toreó a pie al quinto de la tarde, salió a hombros.
Acababa de doblar el primer toro y Guillermo ya había firmado una de sus grandes obras. Clavando de manera perfecta los rejones de castigo, interpretando el toreo a dos pistas con Berlín, pasando por dentro o realizando unas hermosinas milimétricas. Medellín y Esencial remataron una obra perfecta. El público, recién sentando, no llegó a cogerle la dimensión a la faena que tampoco supo calibrar el palco, perdido entre tanta facilidad del jinete con un excelente toro de Romao Tenorio.
De modo que Guillermo, en una tarde de responsabilidad, expectación, clavel y gente guapa, se acababa de autoimponer un listón altísimo para los siguientes toros. Lo más redondo ya estaba hecho y podía lucir la corona en todo lo alto.
Recibió al siguiente toro a lomos de Jíbaro, cuando la voz del barítono Frédéric Cornille comenzó a entonar desde el palco del Club Taurino el aria del ‘Toreador’ de Carmen de Bizet. Cuando el público volvió los ojos al ruedo ya se encontraba Ecuador en pista pegando dos quiebros al toro con el hierro de la casa, que levantaron del asiento a los más sensibles. El tordo con el que Guillermo ha asaltado la cúspide del rejoneo, ajustó la batida en un embroque donde sólo cabía una peseta. Tanto dominaba la escena Guillermo, que con Pasodoble llegó a colocar un par violín, porque el toro pasaba por allí.
A partir de ahí, los recursos que la familia había dispuesto para que una tarde de seis toros no entrase en la monotonía, comenzaron a copar protagonismo. La lidia del tercer toro estuvo ya acompañada por el mariachi que dirigían Juanjo Bordes y Rafael Jorge Negrete en el palco del club taurino. En banderillas torearon en collera Paco Velásquez y Guillermo, el luso con la doma clásica y el estellés montándose encima del toro a lomos de Monteiro.
Guillermo se cambió de atuendo para lidiar al cuarto, la autoridad le soltó el toro cuando se encontraba fuera de la plaza y el de Rosa Rodríguez resultó problemático tanto para él como para Pablo Donat, quien le acompañó en esta ocasión. Pero los tendidos de Sol, brindaban con tequila por cortesía de la casa.
En el quinto, Guillermo recibió espectacular con Jíbaro y echó pie a tierra para torearlo con la muleta, pero el de Capea daba tumbos. Sólo pudo, con insistencia, robar algún natural al ratentí y un par de animosos molinetes. Para la suerte suprema montó a Quemarropa. Largas secuencias que tuvieron un recado del palco.
Toda la pólvora que quedaba se gastó en el sexto, llamado Montecillo. Berlín toreó a dos pistas, Nairobi se las vio con el de San Pelayo y Esencial ayudó con el rejón de muerte. Lo exquisito se había visto mucho antes.
Artículo de Mariano Pascal, publicado en Diario de Navarra.


















Festejos taurinos Pamplona, S. XIX