EL SEVILLANO ÁNGEL JIMÉNEZ, ÚLTIMO TRIUNFADOR DEL CICLO TAFALLÉS

Derechazo de mano baja del pamplonés Expósito al que abrió plaza, un buen utrero de Hermanas Azcona, al que le cortó una oreja. Fotografía: Miguel Monreal.

Derechazo de mano baja del pamplonés Expósito al que abrió plaza, un buen utrero de Hermanas Azcona, al que le cortó una oreja. Fotografía: Miguel Monreal.

El pamplonés Francisco Expósito logró una oreja del que abrió plaza, tras una buena faena salpicada de gusto.

Ganado: Tres utreros de Hermanas Azcona, los tres primeros, justos de presencia, nobles con clase primero y tercero, que fueron aplaudidos en el arrastre, y deslucido el segundo, y otros tres de Santafé Martón, muy bien presentados, cuajados, quinto y sexto aplaudidos de salida, que cumplieron sobrados en varas y recibieron lo suyo, parado el cuarto en la muleta y nobles y muy toreables quinto y sexto.

Novilleros: Francisco Expósito (oreja y saludos desde el tercio). Mario Diéguez (silencio y saludos tras dos avisos) y Ángel Jiménez (dos orejas y silencio).

Presidencia: A cargo de Pablo Larrasoaña, asesorado por Pilar Soteras y Ángel Gómez, cumplió correctamente su cometido.

Incidencias: Dos tercios de plaza. Tarde soleada y agradable, aunque con molestas rachas de viento para el toreo. Los tres novilleros hicieron el paseíllo desmonterados. Como en todos los días anteriores, magnífico ambiente en el final de feria.

Concluyó el ciclo taurino tafallés con una entretenida e interesante novillada picada con marcado sabor navarro. Sería necesario tirar de hemeroteca para poder encontrar, o no, un festejo con dos ganaderos navarros en el cartel, lidiando tres ejemplares cada uno.

En cualquier caso, el desafío ganadero de ayer concluyó en empate técnico. Tuvo más clase el trío de Hermanas Azcona, de Olite, con dos novillos aplaudidos en el arrastre por su buen juego, y mucho mejor presencia el de Santafé Martón, de Villafranca, con una pareja de utreros aplaudidos de salida por su trapío, por su magnífica presencia. Resultados aparte, lo importante es que dos criadores de bravo de Navarra se dieron cita en un ruedo. Ojalá hubiera muchos más en esta tierra, que siempre se enorgulleció de sus toros bravos. Y visto el panorama, me atrevo a afirmar que, poco a poco, habrá más hierros navarros anunciados en plazas de toros, en ferias festivas.

Tres espadas, tres resultados

Ante tal materia prima, el triunfador de la tarde fue el más joven de la terna, que realizó la mejor faena. La ejecutó frente al tercero, de Azcona, un novillo algo terciado, que tuvo nobleza y clase en el último tercio. Lo toreó en series cortas con la diestra, templadas y limpias, que tuvieron magnífico ritmo, y en dos de naturales, largos y de uno en uno. Mató de una entera algo desprendida y tendida y fue premiado con las dos orejas. El segundo de su lote, el último de la tarde y de la feria, fue un torito de hechuras, muy bien armado. Pagó su magnífica presencia en el peto, en forma de duro castigo en dos encuentros con el picador. Pese a ello, llegó a la muleta con recorrido y con mucho que torear. Pero el joven sevillano de Écija, que ya tenía asegurada la puerta grande, no se decidió a meterle mano, no terminó de acoplarse con el bonito ejemplar y, prácticamente, todo quedó en nada. Pese a ello, y a pesar de que se trataba de su primera novillada de la temporada, pareció que estaba muy rodado.

Y también fue la primera cita de luces de la temporada para el pamplonés Expósito, después de un año sin torear en público. Esta falta de rodaje se dejó notar, sobre todo en lo referente a la quietud. Tal handicap y el molesto viento los solventó con gran voluntad y con una faena salpicada de gusto ante el primero, en la que se apreciaron buenos muletazos, sobre todo, con la diestra. Superó el trago de la suerte suprema por su inactividad con una estocada, previo pinchazo, y un descabello.

Pero la suerte no le acompañó con el cuarto, que llegó completamente parado al último tercio, tal vez por su pelea en el caballo, en el que derrochó fijeza. El navarro lo intentó pero no había nada que hacer. ¿Pudo arrastrar el utrero algún problema de visión? Quizá. Por lo menos, lo mató bien, antes de recibir una cálida ovación.

El otro sevillano no terminó de convencer. Se peleó bien con su deslucido y complicado primero, pero mató mal. Al buen quinto, no lo entendió en una faena muy larga, falta de limpieza, algo embarullada y mal rematada con el acero.

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