EL BUEN JUEGO DEL GANADO PERMITIÓ UN TRIPLE TRIUNFO EN ESTELLA

Los tres novilleros lograron salir a hombros. Fotografía: Manuel Sagüés.

El pamplonés Nabil ‘El Moro’ salió a hombros tras desorejar al quinto, en la que fue su presentación en Navarra vestido de luces. Galería fotográfica: K. L.

Ganado: Seis erales de Zahorí, bien presentados, nobles, con fijeza y repetidores, salvo el cuarto y el quinto, mansos y deslucidos; el encastado sexto mereció la póstuma vuelta al ruedo.

Novilleros: Carlos de María (oreja en ambos), Nabil ‘El Moro’ (vuelta al ruedo y dos orejas) y Rubén Núñez (saludos desde el tercio y dos orejas).

Presidencia: A cargo de Jorge Crespo, asesorado por Gustavo Alegría y Rosa Loranca, se mostró generosa en la concesión de las segundas orejas, se olvidó de enviar avisos y debió ordenar la vuelta al ruedo del sexto; por lo demás, correcta.

Incidencias: Tarde soleada y agradable. Más de dos tercios del aforo permitido (unas 500 personas). El subalterno Chema Calvo saludo montera en mano tras banderillear al quinto. Destacó también en la brega y con los rehiletes Pablo Simón.

Lo mejor de la tarde de ayer en la plaza de Estella fue que el público abandonó contento la plaza por lo presenciado y deseoso de volver a un coso para presenciar un festejo. Por otro, ese mismo público se volcó a la hora de apoyar al novillero navarro, que se presentó en la Comunidad vestido de luces con magnífico pie.

Vestido de grana y oro, sorprendió con las templadas verónicas de saludo a su primero, el segundo de la tarde –Sabelotodo, un burraco marcado con el 9-, que fueron acompañadas por unas chicuelinas y una media de rodillas. Después, con la muleta realizó una faena de más a menos. Toreó con soltura con la diestra, muy decidido, y seguidamente dibujó buenos naturales y en algunos de ellos incluso se permitió bajar la mano. Pero, a partir de ahí, el trasteo, en terrenos junto a tablas, fue perdiendo intensidad e interés. Unos muletazos de rodillas y varias manoletinas pusieron fin a la faena. Mató de tres pinchazos y media estocada, y dio la vuelta al ruedo.

El quinto, un colorado llamado Serranito y marcado con el 13, fue un manso, brusco, que embestía a arreones intentando sorprender. Parecía que no había nada que hacer ante él y que, por tanto, las posibilidades de triunfo grandes se esfumaban. Pero se obró el milagro. Nabil consiguió meterlo en la muleta y el novillo, con fijeza, aceptó dos vibrantes tandas en redondo. Terminó con una estocada contraria y paseó en triunfo las dos orejas, entre los clamores de los aficionados, que no dejaron de arroparle.

Abrió plaza Carlos de María, que consiguió la puerta grande no por su toreo sino por el buen manejo del estoque. Ante el primero, estuvo vistoso con los rehiletes. Después, realizó una faena cimentada en la diestra pero que dijo muy poco, quizá por lo despegado de su toreo. El novillo repetía con nobleza por ambos pitones, aunque lo hacía con un molesto cabeceo. Mató de una estocada algo trasera que sirvió y cobró la primera oreja de la tarde.

El cuarto fue un manso brusco, deslucido. El joven de Guadalajara se peleó bien con él, en un trasteo que tuvo más voluntad que brillo. Pero mató de un estoconazo tendido y un descabello, lo que posibilitó la concesión de otra oreja, la que le abría la puerta grande.

Por último, Rubén Núñez dejó en Estella muy buena imagen, tanto con la capa como la muleta. Mostró buenas maneras y un toreo variado. Al tercero le realizó una buena faena, con temple y limpieza. La pena es que la alargó demasiado y el final resultó algo embarullado. Tras unas bernardinas, se le atragantó el estoque y se tuvo que conformar con una ovación, a la que correspondió saludando desde el tercio.

El sexto, un melocotón llamado Razonado y marcado con el 19, fue el mejor del encierro y mereció por su encastada embestida la póstuma vuelta al ruedo. El mexicano lo cuajó desde el principio. Primero se lució con unas vistosísimas zapopinas y con la muleta, con una labor ligada y templada por ambos pitones, sabiendo siempre lo que se traía entre manos. Lo peor fue el cierre de su labor, una estocada, trasera, tendida y baja, que no impidió que el palco le concediese las dos orejas. Fue el colofón a una tarde rica en matices y entretenida por todo lo que se pudo presenciar.

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