UN HISTÓRICO ADIÓS, UN HASTA SIEMPRE Y, QUIZÁ, UN HASTA PRONTO

Al igual que su hijo, Pablo saldó su actuación con cuatro orejas y un rabo.

Pablo y Guillermo Hermoso de Mendoza vivieron una tarde memorable, se repartieron ocho orejas y dos rabos, y salieron a hombros en loor de multitudes. Fotografías: pablohermoso.net y Sagüés.

Ganado: Dos toros de Hermanas Azcona, de aceptable presentación, primero y cuarto, éste manejable, uno para rejones de Rosa Rodrigues, segundo, colaborador, y tres de Hermoso de Mendoza, tercero, quinto y sexto, todos para rejones, distraídos pero manejables.

Toreros: Octavio García ‘El Payo’ (silencio y oreja), Pablo Hermoso de Mendoza (dos orejas y dos orejas y rabo) y Guillermo Hermoso de Mendoza (dos orejas y dos orejas y rabo).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Estella (Navarra). 5 de agosto de 2024.

Incidencias: Lleno de ‘no hay billetes’. Tarde agradable. Tercer y último festejo de la feria. Actuó de sobresaliente Enrique ‘Chapurra’. El maestro navarro recibió un reconocimiento por parte del Club Taurino Estellés. Al terminar el festejo, el Mariachi Perla interpretó ‘El Rey’. Jesús Velasco, mariachi de la localidad estellesa de Abárzuza, presentó en primicia el corrido escrito por él mismo, ‘El adiós de una leyenda’. Los Hermoso de Mendoza, padre e hijo, salieron a hombros.

La plaza de toros de Estella cerraba con este festejo mixto el ciclo más exitoso de su centenaria presencia como ha sido la carrera de Pablo Hermoso de Mendoza en su terroso suelo. Con Pablo comenzó una larga sucesión de llenos, de no hay billetes, de largas y madrugadoras colas en las taquillas, de vender abonos para asegurar el festejo de Pablín, en resumen de una comunión total del pueblo con su paisano. Esta tarde este ciclo llegó a su final y aquel muchacho delgado, alto, de pelo ensortijado y más bien largo que vestido de pamplonica….o de estellica según se mire, ataviado con una gorra campera y los botos por fuera de los pantalones blancos, debutó con su inicial Cafetero en una becerrada del Club Taurino Estellés. Eran las fiestas de 1983, hace ahora cuarenta y un años y aquel gusano del inicio se le metió al jinete hasta el tuétano, pero también se le metió al público estellés, que vio como un hijo de su ciudad, descendiente de mulilleros y caballeros en plaza les llevaba unas páginas de toreo que nunca habían podido ni siquiera imaginar. Aquello que parecía una anécdota, se fue formalizando y el joven centauro, ya ataviado de corto comenzó a desfilar por la geografía navarra y siempre guiado por la estrella del escudo de Estella y por ese buen número de incondicionales que le acompañaban y apoyaban allí donde toreaba.

Esa historia llegó a su fin, con lágrimas y con emociones, con mucho agradecimiento de una parte por el apoyo y de otra por haber puesto el nombre de Estella en la cima mundial del toreo a caballo. Rejoneador navarro y pelotari de Sevilla… eso no puede ser! Eso decían algunos entendidos. Y Pablo rompió los pronósticos, porque fue rejoneador, y no un rejoneador cualquiera, fue el mejor de todos los tiempos, el que cambió el concepto del rejoneo, que pasó a denominarse toreo a caballo. Esta tarde su plaza de Estella, con su familia, sus amigos, ese palco celestial lleno de seres queridos que animaban desde el cielo y que fueron congregados por ese chupinazo enviado hace tres días desde el balcón del Ayuntamiento estellés en forma de convocatoria y que hoy no pudieron ocupar su localidad en el tendido, pero le pudieron ver desde arriba junto con Cagancho, Chicuelo, Giralda, Labrit, Chenel, Fusilero… y otros muchos a los que la edad les hizo emprender ese último viaje.

Por Pablo sonó ‘El Rey’, que lo entonó la plaza entera y retumbó la centenaria Chata cuando el Mariachi Perla saltó a la arena al final del festejo. Y como dice ese estribillo de la mencionada canción de “llorar y llorar…..”, eso es lo que sucedió cuando Jesús Velasco, Mariachi de la localidad estellesa de Abárzuza, presentó en primicia el corrido escrito por él mismo, “El adiós de una leyenda”. Los pelos no eran clavos, eran escarpias que se salían del traje y los ojos tan húmedos que ni el fuerte calor conseguía secar.

Fue el colofón perfecto a la despedida del más grande de su plaza, de la plaza que más le ha querido y a la que más ha querido y de la que nunca, ninguna de las dos partes, se van a olvidar.

En lo taurino… en esta ocasión, lo taurino era lo de menos, si bien asistimos a la última lección magistral de temple, suavidad y torería y al relevo de ese fibroso y enérgico Guillermo, al que cuesta mucho ganarle la pelea y que a partir de ahora será el encargado de llevar el peso del apellido, y sobre todo el peso del nombre de Estella por toda la orbe taurina.

(Crónica de Juan Andrés Hermoso de Mendoza).

Pablo Hermoso de Mendoza y su despedida de las fiestas de Estella reventaron el aforo de la Plaza de Toros colocando el cartel de “localidades agotadas” desde días antes. Si las tardes de Pablo en Estella tienen siempre un carácter muy especial, la de este lunes lo fue por sentimental y porque taurinamente, logró uno de sus mejores registros esta temporada.

Todo en la tarde de este lunes era Hermoso de Mendoza: el rejoneador que se despedía, el hierro y la cuadra de la mayoría de los caballos y también, como novedad de última hora, la mitad del ganado a lidiar que también llevaba la divisa y el hierro de la casa.

Y cuando se tiene una responsabilidad así y tantas pequeñas cosas no deben fallar, surge el carisma de quien ha dominado el espectáculo durante tantos años. Pablo estuvo inconmensurable a lomos de Navegante e Ilusión llevándose el toro atado a los pechos del caballo, en una faena al quinto que levantó al público de sus asientos y en la que el caballero se quitó veinte años de encima.

Taurinamente, ése debiera ser uno de los momentos más punteros de la tarde, pero en un festejo en el que también se anuncie Guillermo es difícil que no surja un momento que rivalice en espectacularidad.

El planteamiento de los quiebros de frente que pegó a lomos de Orfeo en el que cerraba plaza, hubieran parecido una temeridad en las riendas de cualquier otro jinete, pero hablamos del rejoneador joven con mayor acervo de conocimientos y cuadra del escalafón.

De manera que lo difícil tras la exhibición de padre e hijo este lunes, es asistir a otras corridas de rejones donde no sean ellos los anunciados. En el ruedo habrá caballos, toros, rejoneadores y sonará la música, pero alcanzar ése nivel será muy complicado. Aunque se corten orejas, rabos y patas.

No lo es tanto asistir a un festejo de lidia a pie y ver más entrega o corazón que el que mostró este lunes El Payo. De aquel novillero valeroso que recorrió España en los 2000 sólo queda un torero mistificado y acomodaticio, que este lunes se inhibió de torear al primero de Hermanas Azcona y que se limitó a pegar tandas templadas a su segundo. En una tarde de sentido homenaje a México, El Payo mostró que se asimiló al circuito blindado de su país hace ya muchos años. Para semejante tarde, no le hacía falta tanto viaje.

Pero volvamos a los Hermoso de Mendoza, que son los que llenaron la plaza y la hicieron vibrar. Difícilmente se puede tener un público más entregado y autoreferencial.

En los tendidos de sol, una cuadrilla se había disfrazado de los mozos de cuadra de los caballeros estellesés, con sus polos azules y mostrando los letreros de los caballos más históricos: Cafetero, Giralda, Cagancho

En cada momento de la lidia el público, mayoritariamente estellés, arropó a Pablo y Guillermo, de manera que entre vueltas al ruedo, entregas de trofeos y acondicionamiento del ruedo, el festejo se fue a las tres horas.

Pero es que Pablo se despedía de las fiestas de Estella y está claro que a los toreros, los mejores homenajes se les hacen en las plazas frente a su público. El público que le ha seguido más de treinta años y el que se le incorporó en las vueltas al ruedo, un montón de muetes rubios entre los que tenía sobrinos y chavales de uno y otro lado del océano.

Pero no había terminado de dar su última la vuelta al ruedo Pablo, cuando cambió el rictus a la seriedad y recuperaba su rol actual y de futuro: el del padre del rejoneador al que da consejos desde la barrera al actuante.

En medio de todo el follón que se monta en la plaza al sonar el pasodoble ‘Olé Torero’ y en uno de sus días más especiales, los consejos al hijo y las órdenes al entorno eran rotundas. Guillermo va a preferir que su padre siga toreando.

(Extracto de la crónica de Mariano Pascal, publicada en Diario de Navarra).

En cuanto a la lidia a pie, el mexicano Octavio García, El Payo, se topó con dos bureles con buen trapío de Hermanas Azcona. El primero claudicó enseguida y el torero azteca no tuvo opciones y si precauciones. El que salió en cuarto lugar, Arrojado, tuvo bonitas hechuras y escaso fuelle, pero fue colaborador en la muleta. El Payo los aprovechó con una faena medida sin muchas emociones. Mató regulín y le dieron una oreja para que fuera partícipe con algún trofeo en los fastos estelleses. Debut discreto del mexicano en la Ciudad del Ega.

Pablo lidió los dos últimos toros de modo profesional en la plaza de su ciudad natal. Respondían a los nombres de Razonante y Costurero. El primero de ellos era del habitual por estos lares hierro luso de Rosa Rodríguez. No se dejó mucho, sin continuidad en su son para que Pablo lo pudiera templar a dos pistas y por hermosinas. No obstante, lo exprimió con maestría. Un rejón algo desprendido de efecto rápido fue el preludio de la lluvia de orejas. En este caso, dos. El premio se aumentó a los máximos trofeos en su último toro, que estaba marcado con su propio hierro. Era un cuatreño de discreta romana y que se mostró huidizo hasta soportar el rejón de castigo. Entonces, Pablo si pudo aprovechar su brava colaboración para dar forma a una faena completa y bien rematada tras todos los encuentros. Clavó un rejón trasero que fue suficiente. Ya no se discutió que la última petición y concesión iban a ser de rabo. Guillermo, no más fino, pero ya más potente y espectacular que su padre, la montó en su lote ante dos toros de la divisa familiar. Cortó dos orejas del tercero, Aguilillo, y el rabo de Sabelotodo.

(Extracto de la crónica de Manuel Sagüés, publicada en Diario de Noticias).

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