La buena novillada navarra de Ganadería de Pincha, de Lodosa, dio interés al festejo.
Ganado: Seis utreros de la Ganadería de Pincha, de Lodosa, en puntas, desiguales de remate, cumplieron en el peto y de comportamiento variado en la muleta: el primero de más a menos; el segundo, rajado; el tercero, alegre; el cuarto, noble y humillador; el quinto, encastado y el sexto, agarrado al piso. Fueron ovacionados en el arrastre el primero, el tercero, el cuarto y el quinto de la tarde.
Novilleros: Álvaro Seseña (saludos en ambos), Diego Bastos (silencio y oreja) y Alejandro Chicharro (vuelta al ruedo tras petición y saludos tras aviso).
Presidencia: A cargo de Ángel Castillejo, asesorado por Juan Antonio Burdaspar y el veterinario Jesús Mari Razquin, en términos taurinos, pegó un petardo.
Incidencias: Cerca de dos tercios de entrada en tarde de temperatura agradable. Presentó parte facultativo el novillero Felipe Miguel Negret y fue sustituido por Álvaro Seseña.
En muchas ocasiones el cómputo numérico de vueltas y orejas suele distorsionar la realidad de lo vivido en la plaza. En localidades en fiestas suele darse por exceso y en pocas ocasiones llama la atención por defecto.
En la tarde de este jueves los novilleros se encontraron con un criterio presidencial que desoyó peticiones mayoritarias de la primera oreja o racaneó con cuentagotas la concesión de trofeos. Siendo los novilleros toreros en formación, enfrentándose a una novillada en puntas y teniendo el público de Peralta un conocimiento taurino bastante superior al de cualquier gache, el criterio inquisitivo del palco chirrió demasiado.
Quienes ocupan el palco en su rol de presidente o asesor taurino asumen una responsabilidad voluntaria e ingrata, pero no deben perder nunca el sentido común: los toros son un espectáculo democrático y popular. Se ganaron una sonora bronca por parte de los espectadores y perjudicaron al eslabón más débil de la cadena taurina como son los novilleros.
Porque la novillada de Pincha incitó a la alegría y puso los cimientos para que la feria se viniera arriba.
La disposición de Alejandro Chinarro desde que se abrió de capa con el tercero, hizo olvidar las hechuras de posguerra del utrero para centrar todas las miradas en una faena vibrante. Comenzando la faena con un pase cambiado de rodillas en el que aguantó lo indecible para descubrir a continuación que Bordador hacía el avión. El joven serrano se mantuvo a la altura del novillo en todo el trasteo y finalizó con una estocada contundente que, centímetro arriba o abajo, arrastró una petición mayoritaria no vista por el Usía.
Sí cortó una oreja Diego Bastos al quinto, tras una faena con tandas y muletazos de buen corte. Destacó al natural. El utrero de Lodosa tuvo un fondo de casta que hizo gozar al novillero de Constantina. Le pegó una buena estocada y convencido de que saldría a hombros, su cara fue un poema al ver cómo la presidencia retenía los pañuelos.
Hizo de nuevo el paseíllo Álvaro Seseña y por segunda vez dijo pocas cosas y ninguna para el recuerdo.
Porque dos novilleros se incorporaron al extenso acervo de recuerdos de la afición peraltesa. Ojalá, quién sabe, sigamos oyendo hablar de ellos.
Información de Pascal Lizarraga, publicada en Diario de Navarra.









Festejos taurinos Pamplona, S. XIX