UN PALCO INEPTO LE ROBA UNA MERECIDA PUERTA GRANDE A LUQUE

Con esta estocada mató Luque al que abrió plaza.

Al final, la segunda corrida de la Feria del Toro se saldó con el corte de tres orejas, a una por coleta. Fotografías: Jesús Garzaron.

Ganado: Seis toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación. En su conjunto, tuvieron movilidad aunque de juego fueron dispares y tuvieron sus matices y complicaciones.

Toreros: Daniel Luque (vuelta al ruedo tras petición mayoritaria y oreja), José Garrido (silencio tras aviso y oreja) y Álvaro Lorenzo (oreja tras aviso y silencio).

Presidencia: A cargo de Xabier Xagardoy, asesorado por Josetxo Gimeno y por la veterinaria Pilar Navarro, fue un auténtico despropósito; negó una oreja del primero cuando la petición era claramente mayoritaria, concedió un trofeo del tercero cuando el toro ya estaba enganchado a las mulillas y concedió una del cuarto con petición minoritaria; en definitiva, un verdadero desastre.

Incidencias: lleno aparente. Tarde soleada y agradable.

Habíamos vivido una tarde sublime el día de San Fermín en la corrida del centenario pero la de este 8 de julio fue otra historia. Un nuevo capítulo de la Feria del Toro en la que él es protagonista, primero a las ocho de la mañana y después en la corrida. Complicado es volver a la plaza después de una tarde de alto voltaje como la que vivimos en día del patrón. Cuesta y mucho, porque superar es complicado y uno se pone las expectativas altas.

Un tío era el primero de Fuente Ymbro, al que Luque, de blanco y plata, toreó con gusto en los primeros tercios. Ordenó después su embestida con la muleta en la mano ya y comenzó la faena al natural. El de Ricardo Gallardo tomaba los vuelos por ese pitón bonito, tenía largura y continuidad en el trazo que le imprimía Luque con aplomo y mando. A derechas se quedaba cortito y reponía mucho. Volvió al mejor pitón y surgieron otras dos series muy lentitas, con los vuelos acariciando la arena y el hocico surcándola. Por luquesinas terminó de levantar al público y la buena estocada fue la antesala a una gran petición que no concedió incomprensiblemente el concejal socialista Xabier Sagardoy. Bronca monumental que más tarde trató de remendar, pero el robo ya se había producido.

Con inteligencia se fue a los terrenos en los que el cuarto se encontraba más cómodo, que eran los de chiqueros. Era el único de los seis que no había corrido el encierro de la mañana. Entró sustituyendo al número 5, que se lesionó en el casco viejo. En esos terrenos, Daniel aprovechó las inercias del animal para dar forma a varias series que tuvieron su miga. Extraordinaria fue una en redondo, exigiéndole mucho al mansurrón, al que no soltó tapándole la salida y con la muleta cosida al hocico. Se entretuvo después en dar forma a una obra que tuvo intensidad aunque le faltó intensidad para llegar más arriba. Luque estuvo resolutivo y firme. La estocada entera dio paso a una oreja. El premio, ahora sí.

Sentado en el estribo primero y después por bajo, con la rodilla hincada en arena, muy torero, calibró José Garrido, de blanco y plata, al segundo de la tarde. La faena tuvo poso aunque le faltó ese punto más. El toro iba y venía pero en mucho viajes dudaba. En el epílogo, tocó los códigos de Pamplona y se echó en los medios de rodillas para rematar por manoletinas. Dos pinchazos, estocada honda y dos descabellos Recibió un aviso y el público guardó silencio. El quinto fue un animal que se movió sin demasiada entrega en los primeros compases pero que fue a más a medida que Garrido lo fue haciendo. No es que fuese una delicia, pero se dejó por ambos pitones. Armó una faena currada, pero a la que en ocasiones le faltó ajuste pese a que tuvo continuidad. Se le fue la mano abajo con la espada tras una serie de bernardinas que ofreció para avivar el fuego. Fue una estocada caída que no impidió que cortase una oreja, con menor petición que en el primero.

El tercer toro tenía buen son en el galope con el que se arrancaba para tomar los engaños, quería espacio y distancia, porque si se le echaba Lorenzo encima le apocaba. Tenía que llevarlo muy largo por el pitón derecho para hilar el siguiente muletazo, un punto más de donde muere habitualmente. Al natural le costaba más obedecer al toque, y ya un mundo continuar la serie. Tenía mejores inicios que finales, muchas teclas que Álvaro, de grana y oro, trató de pulsar unas veces con más acierto que otras. No logró dar solidez a la faena pese a que hubo pasajes de reunión. En la recta final amagó con rajarse el toro y terminó rubricando la obra en los terrenos de sol. Petición esta vez más liviana que el presidente sí que atendió. Quizá le entraron los miedos a otra bronca.

Y en el sexto, Lorenzo se las vio con un animal que se desplazaba en la muleta sin demasiada entrega, y a estas alturas la tarde ya pesaba. Pinchazo, estocada caída y pinchazo. Una oreja por coleta aunque de justicia hubiese sido ver a Luque acariciar los cielos de Pamplona.

Información de Jesús Rubio, publicada en Diario de Navarra.

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