TRES OREJAS PARA ROCA REY DE UNOS NÚÑEZ DEL CUVILLO FALTOS DE RAZA

El peruano Roca Rey salió a hombros en solitario.

El peruano Roca Rey salió a hombros en solitario.

Sus compañeros, Ferrera y Ginés Marín, lo intentaron pero, finalmente, se fueron de vacío. Imágenes, Jacobo Silvestre.

Ganado: Seis toros de Núñez del Cuvillo, bien aunque desigualmente presentados, y de juego dispar pero en conjunto faltos de raza; sólo se salvaron de la quema el noble primero, al que le faltó humillar más, y el quinto, al que hizo mejor su lidiador.

Toreros: Antonio Ferrera (saludos tras aviso en ambos), Roca Rey (oreja con fuerte petición de la segunda y dos orejas) y Ginés Marín (silencio en ambos).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Pamplona. 11 de julio.

Incidencias: Lleno. Tarde agradable. Quinto festejo de la Feria del Toro. El matador de toros peruano salió a hombros.

Abrió plaza un toro feo de hechuras, muy abierto de cara y despegado del piso. Antonio Ferrera cuajó una labor paciente, de menos a más, en la que poco a poco fue metiendo a su oponente en el canasto. Hubo cadencia, ritmo y parsimonia en el toreo del extremeño, que llevó al toro a su altura ya que nunca humilló aunque desarrolló nobleza y buena condición. La espada emborronó todo su quehacer.

El que hizo segundo fue un toro más armónico y mejor hecho que el anterior. Se movió con clase y boyantía en los primeros tercios, sin embargo llegó al último un tanto afligido, acusando una posible lesión que si bien no le impidió aguantar la faena de Roca Rey sí que fue un impedimento para que desarrollara las virtudes que apuntaba. Lo mejor de la faena del peruano -además de la quietud en un ajustadísimo quite por saltilleras- fue un explosivo inicio de muleta, con dos ceñidísimos pases cambiados de rodillas en el tercio. Imposible mayor cercanía. A partir de ahí, la seguridad, la firmeza de plantas, el aplomo y la ligazón del toreo de Roca Rey presidieron una actuación rematada de una gran estocada y premiada con una oreja.

Bajo, serio y bien hecho, enseñando las puntas, el jabonero que hizo tercero se movió pero lo hizo sin ritmo ni clase. Brindó al público Ginés Marín, abriendo la faena de muleta con el cartucho de pescado ejecutado en los mismos medios de la plaza. Todo seguido, sin probaturas, se puso a torear al natural. Clave era que el de Cuvillo no tocara las telas. El extremeño fue alternando las series por ambas manos sin lograr que la labor tomara vuelo. Mató de una estocada y un golpe de descabello, siendo silenciado.

Enseñaba también las puntas el astifino y castaño cuarto, recibido por Ferrera con verónicas ejecutadas con apenas medio capote. Lo mejor, no obstante, fue la media de remate. Lo quitó del caballo tras la primera vara con enorme torería: una chicuelina y el vuelo de la revolera final fueron sobresalientes. Brindó a Juan Antonio Ruiz “Espartaco” y empezó sobre la mano derecha, gustándose. Mediado el trasteo varios naturales surgieron profundos y templados. En maestro, pisó los terrenos con firmeza y entró y salió de la cara del toro con torería. El de Cuvillo embistió siempre con excesivas desigualdades. Anduvo siempre por encima el torero. La estocada corta no bastó y descabelló certero Ferrera.

No se lo pensó Roca Rey y en el recibo capotero al quinto se echó el capote a la espalda para torear por impertérritas gaoneras. Con fáciles rogerinas lo dejó después puesto en suerte ante el caballo, cumpliendo el de Cuvillo bajo el peto. Brindó al público el peruano, que abrió el trasteo con cambiados por la espalda que metieron al público en el canasto. Bien sobre la diestra -dando tiempos, templando e imprimiendo ritmo a la labor-, se enfrontiló con el toro para torear al natural. Se quedaba algo más corto por el lado zurdo el jabonero de Cuvillo, por lo que regresó a la mano derecha Roca, elevando de nuevo el nivel de su quehacer. Vació siempre la embestida por abajo, hasta cuando se echó de rodillas en los compases finales. Exprimido el toro, murió de un espadazo que entró por el hoyo de las agujas. Dos orejas y puerta grande. Gran tarde de Andrés.

Con suavidad saludó al sexto Ginés Marín y con chicuelinas al paso llevó al de Cuvillo hasta el piquero. Recordó al quite de la mariposa la forma en que Ferrera quitó al toro del caballo. Fantasía y originalidad del extremeño. Tras las banderillas, Ginés Marín arrancó por alto, con estatuarios, su faena. Después lució más en el toreo al natural, por donde enganchó mejor la embestida y el toro -sin ser bueno- respondió algo mejor. Sin embargo, falló con el acero y fue silenciado.

Crónica publicada en Aplausos.es

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