Cortó dos orejas de escaso peso –una a cada uno de su lote- y El Galo consiguió otra.
Ganado: Seis toros de Sobral, bien presentados, de espectaculares capas (cuatro sardos, un burraco y un negro), bien armados, astifinos, nobles pero escasos de fuerza y movilidad; primero y quinto fueron aplaudidos de salida.
Toreros: Sánchez Vara (oreja en ambos), Miguel Tendero (silencio tras aviso y vuelta tras aviso) y André Lagravère ‘El Galo’ (silencio y oreja tras aviso).
Lugar y fecha: Plaza de toros de Sangüesa (Navarra). 14 de septiembre de 2024.
Incidencias: Tres cuartos de plaza. Tarde soleada y agradable. Sánchez Vara salió a hombros en solitario.
La primera corrida de toros de la Feria de Sangüesa se saldó con una salida a hombros, la de Sánchez Vara, quien cobró una oreja de cada uno de su lote, trofeos ambos de escaso peso, de dos toros pertenecientes a un encierro bien presentado, que defraudó por su escasez de fuerza y movilidad.
El primero fue un sardo aplaudido de salida, que aceptó un puyazo. Sánchez Vara lo brindó al público y toreó despegado. La faena de muleta fue muy escasa de contenido. No hubo ni una sola tanda de mención ante el muy flojo toro. Mató de una estocada un poco tendida, el toro se fue a morir cerca de chiqueros y el matador guadalajareño cobró una oreja de mínimo peso.
El cuarto, otro sardo, echó de salida las manos por delante y mostró querencia a chiqueros. Recibió un leve puyazo. Lo banderilleó el diestro, quien luego brindó el toro al ex presidente del Club Taurino Tafallés, Andrés Baztán. Se fue a los terrenos de sol y allí realizó una faena tan despegada como bullanguera, pero efectiva. Consiguió dar una tanda en redondo, pero a base de zapatillazos y siempre colocado con excesivo alivio. Terminó con media estocada tendida y cobró otra oreja, la que le abría la puerta grande.
El segundo sufrió un puyazo demasiado largo, protestado hasta por los ganaderos. En el último tercio, tras dos series cortas y templadas, el toro se paró, acusó el castigo recibido en el primer tercio y ya no hubo nada que hacer. Mató de un pinchazo, una casi entera –sonó un aviso- y tres descabellos. De un posible trofeo pasó a soportar el silencio del público.
El quinto fue aplaudido de salida. Lo saludó con un par de buenas verónicas. Tardó en acudir al caballo pero empujó metiendo los riñones. Con la muleta, al bravo Buenazo le hizo una faena entonada por ambos pitones. Toreó en redondo en dos tandas vibrantes, a las que siguieron dos de naturales. El toro se acabó y fue entonces cuando se pegó un arrimón con sentido, aunque demasiado largo. Dejó una estocada corta que parecía suficiente, pero el toro se tragó la muerte y aguantó de pie. Sonó un aviso y el diestro acertó al segundo golpe de descabello. Se agitaron algunos pañuelos pero se tuvo que conformar con dar la vuelta al ruedo.
Respecto al lote de El Galo, el tercero aceptó un puyazo a regañadientes. Tenía muy poca fuerza. El diestro pegó pases insípidos, hasta que el toro se paró. Y el mexicano ya no tuvo opciones. Abrevió. Mató de pinchazo y media. Silencio.
Cerró el festejo un buen toro, llamado Taladro. Negro de capa, bajó algo en presentación en relación a sus hermanos de encierro pero que cumplió en varas con un fuerte puyazo. Tras banderillearlo, lo brindó al público. Fue el toro más franco y con mayor movilidad. Repetía con nobleza y el diestro intentó aprovechar su bondad, sin conseguirlo. Terminó con una estocada tendida, pelín caída. El toro se amorcilló, tardó en doblar y el mexicano, que no quería entrar a descabellar, fue premiado, sin petición, con una oreja de un toro de dos.









Festejos taurinos Pamplona, S. XIX