ROBERTO ARMENDÁRIZ EN ESTELLA, SUMA Y SIGUE

Roberto Armendáriz se adorna sobre Trasnochador frente al segundo de la tarde. Fotografía: Jorge Nagore.

El caballero de Noain cortó tres orejas y compartió la puerta grande con Manuel Manzanares, que paseó dos

Ganado. Seis toros de Jódar y Ruchena, cinqueños todos, bien presentados, aunque segundo y tercero terciados, correctamente despuntados y de juego muy dispar.

Rejoneadores.

Joao Moura hijo: oreja y saludos desde el tercio.

Roberto Armendáriz: oreja y dos orejas. Salió a hombros.

Manuel Manzanares: oreja con petición de la segunda y oreja. Salió a hombros.

Presidencia. A cargo de María Unzué, asesorada por Jesús Miguel Blanco y José Manuel Carretero, regular tirando a mal, por demasiado condescendiente en la concesión de trofeos y ñor regalar la segunda oreja del quinto de la tarde.

Incidencias. Más de dos tercios de plaza. Tarde soleada y agradable.

No estuvo Pablo, no. Y su ausencia se dejó notar, pese al estupendo ambiente de la plaza y pese a que se respiró un aroma hermosizado a lo largo de todo el festejo. Comprensible. Mientras Hermoso toreaba en Huelva, en el ruedo estellés buscaban el triunfo tres jóvenes caballeros que siempre han seguido la estela del maestro navarro. Y los tres dieron la cara, aunque con diferente suerte. Trofeos aparte, los tres convencieron al aficionado, agradaron al gran público, que se lo pasó en grande, y merecieron salir a hombros en este sentido. Ahora bien, en la suerte final, decisiva, no estuvieron demasiado afortunados, lo que debió traducirse en la concesión de un número menor de trofeos; pero este hecho no le importó demasiado al público estellés, que los quiso premiar en todo momento, bueno, menos en el de la merienda.

Joao Moura hijo se lució frente al cuarto con tres cortas al violín. Fotografía: Jorge Nagore.

Ésta fue la principal causa de que el joven portugués no saliese a hombros. Le cortó una oreja al que abrió plaza, un toro colaborador que fue a menos y acabó emplazado en los medios, tras una faena en la que destacó por su templado toreo de costado. Conectó con fuerza con los tendidos al final, al clavar dos cortas consecutivas. Mató de un rejón muy, muy trasero y un certero golpe de descabello. El palco concedió el primer trofeo del festejo. El cuarto tuvo peor condición. Resultó distraído y embistió, más que a arreones, a tirones. Moura se lució sobre todo con las cortas al violín pero no llegó tanto a los tendidos porque en ellos se estaba merendando. Volvió a matar de rejón trasero y descabello, pero en esta ocasión no se agitaron los pañuelos. ¿Por qué? Por eso, por razones gastronómicas.

Mejor parado salió Armendáriz y eso que no fue una de sus mejores tardes de toreo. Ante su primero, un terciado berrendo en negro que inicialmente embistió tirando tarascadas, pasó demasiado en falso, sobre todo en banderillas. Su faena alcanzó mejor tono sobre una de sus nuevas monturas, la de Trasnochador, con la que dejó tres cortas sin respiro de gran transmisión. Mató de un pinchazo y de otro hondo, insistiendo, como barrenando, que no impidió que el público pidiese premio.

Mucho más mérito y peso taurino tuvo su segunda faena, ante un manso complicado que hizo difícil su lidia. De salida, pareció acusar algún defecto en la vista, pues ignoró completamente a caballo y jinete. Sin embargo, tras el primer rejón, cambió completamente y galopó con mucho motor pero siempre intentando coger, pretendiendo ir por delante de la montura en unas ocasiones y sorprender con arrancadas en otras. El mayor mérito del de Noain estuvo en lograr superar estas dificultades. Y lo hizo primero sobre Prometido, caballo con el que toreó de costado, pero sin el temple deseado porque no lo permitía el cinqueño. Y después, con Polvorilla, caballo que ofreció siempre su cara al astado y con el que lució su toreo en redondo, de cercanías, en muy pequeñas distancias. El rejonazo letal llegó tras un pinchazo, pero para entonces ya había conquistado a los estelleses, que pidieron el doble trofeo y el presidente lo concedió. Tres orejas y tercera salida a hombros consecutiva en Navarra, tras las logradas en Pamplona y Tudela. Puerta grande que confirmó la madurez que ha alcanzado su toreo, pese a ciertos defectos en el ruedo que acabará corrigiendo.

Manzanares, alumno también del maestro estellés, no quiso ser menos y buscó un triunfo grande que el público le regaló. A su primero, un terciado negro que tuvo fijeza, le realizó una faena de menos a más, que caló en las gradas con la soberbia actuación de Turronero, caballo con el que esperó al toro y clavó tres banderillas al quiebro en muy corta distancia. Terminó con un rejonazo y el público pidió las dos orejas con insistencia pero el palco, esta vez, vaya usted a saber por qué, dijo que nones. En tal situación, el alicantino buscó frente al sexto el trofeo que le hacía falta para rubricar una nueva salida a hombros y lo consiguió. Se encontró con un toro que, pese a su poca fuerza, tuvo fijeza y resultó colaborador. Lo aprovechó luciéndose en banderillas con espectaculares piruetas y, ya en el tercio, final, clavando tres cortas sin respiro. A la hora de matar no anduvo fino; el rejón definitivo llegó después de tres pinchazos, algo que tampoco impidió que se pidiese y concedieses esa oreja. A esas alturas, poco importaba todo. Los estelleses esperaban ya a su siempre querido Pablo.

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