MARQUÉS DE ALBASERRADA, AMANTE DE S. FERMÍN Y QUERIDO EN PAMPLONA

El marqués de Albaserrada y su esposa junto a Canito y Pedro Osinaga en unas fiestas de San Fermín.

El marqués de Albaserrada y su esposa junto a Canito y Pedro Osinaga en unas fiestas de San Fermín.

Como aficionado, contó siempre con muchos amigos en la capital navarra y también en el resto de Navarra.

Amante de las fiestas de San Fermín y asiduo al Club Taurino de Pamplona, esta entidad le nombró el 22 de febrero de 1981 socio de honor.

La primera vez que se lidiaron toros de Albaserrada en Pamplona fue en 1919; seis ejemplares de una vacada formada por Hipólito Queralt Fernández Maqueira, marqués de Albaserrada, quien le compró a su hermano Enrique, conde de Santa Coloma, reses de origen Saltillo y Santa Coloma, y las vendió en 1921 a José Bueno. Aquel lejano 11 de julio, a esos toros, que nada tenían que ver con los actuales, se enfrentaron Joselito, Belmonte y Dominguín. El Pasmo de Triana fue herido por uno de los toros, por lo que José tuvo que matar cuatro y logró cortar una oreja, en la que iba a convertirse en la última tarde de su vida en la capital navarra.

Ya en la época moderna, sus toros acudieron por primera vez a Pamplona en 1970, en una corrida que se celebró el 10 de mayo; ante este encierro, que tuvo trapío, bondad y bravura, triunfó Adolfo Ávila “El Paquiro”, que cortó una oreja, pero, sobre todo, Juan Calero, que paseó las dos del que cerró plaza.

Pese a este buen encierro tuvieron que pasar nueve años para regresar a la capital navarra y debutar en la Feria del Toro. Fue el 15 de julio de 1979, una fecha histórica para el ganadero, pues lidió una corrida tan brava que acaparó los premios de la feria. Así la describió el también fallecido Joaquín Vidal para ‘El País’: “Terciados, cornicortos, con mucha casta, bravos, nobles y poderosos. La corrida fue un gran éxito para la divisa: todos los toros fueron aclamados en diversas fases de la lidia y ovacionados en el arrastre. Al quinto se le dio la vuelta al ruedo y luego el mayoral hubo de dar otra. (…) Antes de comenzar la corrida se rindió un emocionado homenaje popular a Isidro Marín, al despedirse de doblador de los encierros.

Tras este éxito, sus toros regresaron a San Fermín en los años siguientes, hasta 1983, y, tras un largo paréntesis, regresaron en 1991, su último año en la Feria del Toro, que no a Pamplona

 

 

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