MARÍN ABANDONA LA PLAZA DE ARNEDO ENTRE EL SILENCIO DEL PÚBLICO

Natural largo de Javier Marín ante el utrero que abrió plaza.

Natural largo de Javier Marín ante el utrero que abrió plaza.

Las ganas del novillero navarro chocaron con una deslucida materia prima y con la frialdad de los tendidos.

Ganado: Seis utreros de Guadalmena, bien presentados con tres mansos y deslucidos, dos encastados, segundo y sexto, que fueron aplaudidos en el arrastre, y uno bueno, el quinto, que se lastimó una mano.

Novilleros: Javier Marín (silencio y silencio tras aviso), Alejandro Marcos (silencio tras aviso en ambos) y Juan de Castilla (silencio y silencio tras dos avisos).

Lugar y fecha: Plaza Arnedo Arena, en Arnedo (La Rioja). 30 de septiembre.

Incidencias: Un tercio de plaza. Tercera del XLIII Zapato de Oro. Marcos, último ganador del Zapato de Oro, fue obligado a saludar tras el paseíllo. El varilarguero Alberto Sandoval destacó picando al quinto.

El novillero navarro Javier Marín no pudo triunfar el viernes pasado en la plaza de Arnedo. Ante el que abrió plaza, mostró su buena disposición desde el principio con tres faroles de rodillas y varias chicuelinas ganando terreno hasta los medios. Y siguió luciéndose de capa con un quite por gaoneras tras el tercio de varas.

Ya en el último tercio, brindó la faena al matador de toros Diego Urdiales. Después, toreó por ambos pitones pero siempre condicionado por la sosería y el poco recorrido del novillo, llamado Asustado. Pese a ello, toreó con ligazón en los medios. Sin embargo, chocó con la frialdad del público que debió arropar más a un novillero con raíces riojanas. El joven cirbonero no anduvo certero en la suerte suprema –metisaca algo bajo y estocada- y todo quedó en un gélido silencio.

Brindó al público su faena al cuarto, un manso llamado Rescoldito. La comenzó con estatuarios en los medios. El novillo careció de clase y esta circunstancia deslució la labor del navarro, que quiso agradar en todo momento y mostró su hambre de triunfo. Le buscó las vueltas al utrero de todas las maneras posibles pero todo fue en vano. Sonó un aviso, mató de una estocada efectiva y, de nuevo, recibió el silencio de los tendidos.

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