MARCO, PRIMER TRIUNFADOR DE LA FERIA DE TUDELA

Derechazo de mano baja de Francisco Marco, que rozó la puerta grande de Tudela. Fotografía: Blanca Aldanondo.

Padilla, sin lote, intentó justificarse pero decepcionó y López Chaves no pasó de voluntarioso.

FICHA TÉCNICA

Seis toros de Cebada Gago, bien presentados en general aunque desiguales, con un quinto cuajado, con kilos y un cuarto anovillado, y de juego variado, con un tercero noble y con recorrido, aplaudido en el arrastre, y un quinto codicioso y con clase por el pitón izquierdo.

TOREROS

Juan José Padilla: silencio en ambos.

López Chaves: silencio y saludos desde los medios.

Francisco Marco: oreja con petición de la segunda y saludos desde el tercio.

PRESIDENCIA

A cargo de Francisco Javier Fernández Vázquez, asesorado por Juan Ramón Díez Sopranis y Francisco Javier Garijo, cumplió correctamente su cometido.

INCIDENCIAS

Dos tercios de plaza. Tarde soleada y agradable, aunque con rachas de viento que molestaron durante la lidia. López Chaves hizo el paseíllo desmonterado. El varilarguero tudelano Juan Manuel Sangüesa fue aplaudido tras picar al tercero. Buenos pares de Venturita al que cerró plaza. Los de la solanera se arrojaron, entre ellos, un par o tres de bodegas de tintorro. La empresa Torosanda debutó en Tudela.

Comenzó el ciclo tudelano de Santa Ana con una corrida de toros que no pasará a la historia; como suele decirse, con una más de tantas que se celebran.

En sentido positivo, el festejo resultó entretenido, en líneas generales. En el negativo, no acudió a la plaza la gente que se esperaba; dicho de otro modo, hubo más cemento del debido, y eso que acudieron las peñas; de lo contrario, el aspecto de la Chata de Griseras habría sido tirando a desolador.

Y el ciclo comenzó con el debut de una ganadería clasificada entre las duras, de corte torista, la de Cebada Gago. En cuanto a presentación, todos los toros lograron el aprobado, salvo el anovillado cuarto. Ahora bien, resultó bastante desigual, con uno, el quinto, serio y cuajado, de muy buenas hechuras. Y, desde luego, no lucieron las caras de Pamplona; fue un encierro mucho más cómodo en este sentido.

Su comportamiento, sin ser brillante, mantuvo el interés por su variedad. Pero que nadie se equivoque, que tampoco fue para tirar cohetes. Hubo un toro, el colorado tercero, que fue aplaudido en el arrastre después de haber mostrado nobleza en su generoso recorrido. Y hubo otro, el quinto, el llamado Pensamiento y marcado con el 112 -acertó el presidente del taurino tudelano-, que no tuvo tal honor al ser arrastrado pero que, mientras mantuvo su vida, tuvo más importancia, por sus hechuras, por su codicia y por la clase que mostró por el pitón izquierdo. Los cuatro restantes, casi nada, aunque también es cierto que a alguno se lo cargaron en varas.

Hubo incluso un piquero que agarró bien al toro pero que, al darse cuenta de ello, rectificó y clavó trasero, como a muchos del castoreño les gusta.

Respecto a las monteras, una triunfó y convenció, otra decepcionó aunque tampoco pudo hacer demasiado y la tercera que ni fú ni fa, aunque mostró muchas voluntad, ganas de triunfar.

Marco salió a por todas, ambición que reflejó con dos largas cambiadas de rodillas y un buen ramillete de mecidas verónicas. Su picador Sangüesa cogió bien al toro y dejó una vara medida. Muy buena labor la del tudelano, trabajo que permitió que el toro llegará en buenas condiciones al último tercio, con nobleza, humillando y con amplio recorrido. El cebada tuvo movilidad y ciertas ganas de rajarse, algo que, por fortuna, no hizo. El espada estellés lo entendió y lo aprovechó a las mil maravillas, sobre todo, en cuatro tandas de derechazos templados, serenos y firmes, series siempre rematadas con torería. Unas manoletinas prologaron una estocada contraria que le sirvió al navarro para pasear la primera oreja de la feria, aunque parte del público pidió el segundo trofeo.

Éste, finalmente, no pudo llegar porque el que cerró plaza fue un manso sin clase alguna que medía su embestida. El estellés lo intentó por ambos pitones y estuvo por encima del mal cuatreño; lo dominó por ayudados en una faena de mucho poder y escaso lucimiento, algo que no era posible. Si lo llega a matar al primer intento… quién sabe. Pero no lo hizo y se tuvo que conformar con saludar a una ovación.

Padilla no calentó la tarde ni con su fuerte, los rehiletes. Su deslucido primero, justo de fuerza, se movió en corto recorrido por el derecho y no pasó por el izquierdo. El ciclón, algo molestado por el viento, no pasó de tranquila brisa, y no quiso complicarse la vida. Sus banderillas frente al cuarto se estrellaron contra las copiosas meriendas. Y, para colmo, el toro resultó muy parado y rajadito en el último tercio. Aquí el jerezano se empeñó más, pero no había nada que hacer.

López Chaves fue todo voluntad con su deslucido primero, que tragó en su muleta. La pena fue que no aprovechó la condición del quinto y que dejase escapar su clase. Dibujó naturales, sí, pero sin la ligazón que pedía el toro, que reclamaba todo por abajo. Además, mató mal y así..

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