LOS DE VEGAS FIRMAN EL ENCIERRO MÁS PELIGROSO DE SANGÜESA

Un instantte del encierro de ayer. Fotografía: J. C. Cordovilla.

Un instantte del encierro de ayer. Fotografía: J. C. Cordovilla.

No hubo heridos por asta pero cuatro corredores necesitaron atención sanitaria.

Los astados de Eladio Vegas, de Rueda (Valladolid), completaron el recorrido, por última vez en estas fiestas de Sangüesa, barriendo los vallados de ambos lados de la calle. El mayor momento de peligro se vivió cuando uno de los astados, un burraco, dio varios derrotes a lo largo del recorrido hasta que se acercó a la valla derecha, donde levantó a un mozo y, posteriormente, empujó a otro contra el mástil del vallado con la testuz.

Juan Carlos Oiza, portavoz de los pastores, explicó que los mansos salieron por delante, pero luego dos toros se adelantaron . “Iban buscando de lado a lado y han llegado hasta el vallado”, contaba. El astado número 10 cogió “a un mozo y lo mantuvo contra el mástil del lado derecho con la testuz pocos segundos antes de romper el pantalón a otro de los corredores”.

Todo quedó en un susto y los miembros de la DYA solo tuvieron que atender a cuatro personas. Uno de los varones fue atendido por un traumatismo en la rodilla izquierda, otro por dolor en la mano derecha y el tercero de ellos debido a un cuerpo extraño en la mano derecha. El cuarto corredor fue atendido debido a un golpe en el codo izquierdo y tuvo que ser trasladado.

El peligro visto desde cerca

Pablo Barragán, momentos antes de ser levantado por el toro. Fotografía: Patxi Barragán...

Pablo Barragán, momentos antes de ser levantado por el toro. Fotografía: Patxi Barragán…

Uno de los mozos que vio de cerca el peligro que causó el toro número 10 fue Pablo Barragán Azagra, pamplonés de 21 años y habitual de los encierros. “En la recta final antes de la curva los toros se dispersan mucho porque hay bastante luz”, contaba. “El astado se ha tropezado y luego ha venido hacia el vallado derecho, donde me ha levantado lo suficiente como para salir por encima del vallado”. Su padre, Patxi Barragán, ex corredor ya retirado y aficionado a la fotografía, se encontraba enfrente y logró tomar la imagen que acompaña estas líneas. “Mi padre no podía hacer nada más en ese momento, luego se ha acercado para ver cómo estaba”, explicaba el joven. “No veía hueco por donde salirme porque la manada venía muy abierta”, explicaba Pablo.

Gorka Azpilicueta, corredor pamplonés, explicó que fue “un encierro típico de Sangüesa, con los toros abriendo y tirándose a la gente”.

La nota curiosa la pusieron los mansos, que se dieron la vuelta dos veces debido a la gran cantidad de gente que había en la calle, por lo que el último cohete sonó once minutos después del comienzo del encierro.

Información de Izania Ollo para Diario de Navarra.

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