HERMOSO REJUVENECE EN SU TAFALLA ‘NATAL’. CRÓNICA DE LA 3ª DE FERIA

Hermoso y Domínguez abandonaron la plaza de Tafalla a hombros. Fotografía: Jesús Caso.

Hermoso y Domínguez abandonaron la plaza de Tafalla a hombros. Fotografía: Jesús Caso.

El público se volcó con el caballero navarro, que salió a hombros, tras cortar dos orejas, junto con Domínguez.

Ganado: Seis toros de José Rosa Rodrigues, correctamente despuntados, colaboradores pero faltos de celo, salvo el tercero y el sexto, más codiciosos.

Diestros:

Pablo Hermoso de Mendoza: silencio y dos orejas con fortísima petición de rabo.

Sergio Domínguez: dos orejas y silencio.

Jacobo Botero: silencio y oreja con fuerte petición de la segunda.

Presidencia: A cargo de Albina Prieto, asesorada por Andrés Baztán y el veterinario Antonio Puig Ayestarán, fue abroncada por el público pero cumplió con criterio su cometido; su único error pudo ser conceder la segunda oreja del segundo toro, con lo que puso así muy alto el listón.

Incidencias: Más de tres cuartos de plaza. Tarde nublada y agradable. El colombiano Botero se presentó en Navarra y, posiblemente, toreó en Europa su primer festejo con muerte.

Todo el que presenció ayer el festejo de rejones en Tafalla abandonó la plaza con ganas de volver a ella, porque se divirtió, porque fue testigo de un muy buen espectáculo taurino.

Y eso que la mayoría de los espectadores se enfadaron mucho con unpalco que, sin embargo, cumplió con criterio su cometido. Su fallo estuvo en conceder las dos orejas del segundo toro y poner así el listón muy alto. Lo cierto es que la faena de Hermoso al cuarto tuvo bastante más calidad que la del riojano en ese segundo y que, por tanto, mereció mayor premio. Y la de Botero al sexto, un premio similar a la primera de Domínguez. Por tanto, desde este punto de vista…

Ahora bien, la faena del estellés no mereció los máximos trofeos; no por la calidad del trasteo, pues el jinete bordó el toreo, sino por la falta de toro, por un ejemplar que careció de codicia, de bravura, para poder hablar de un trasteo de máximos trofeos.

Dicho esto, lo justo habría sido dos orejas para el navarro, una para el riojano y otra para el colombiano.

Polémicas aparte, los tres rejoneadores pusieron en el ruedo todo lo que le faltó a la materia prima. Y así triunfó el espectáculo, con la seriedad que debe tener, sin convertirse en un festival en el que todo vale.

Respecto a Hermoso, volvió a demostrar que es el número uno pero reflejó además hambre de triunfo, la propia del que empieza en esta difícil profesión, pese a que hoy se cumplen nada menos que veintiséis años desde que tomó su alternativa. Y es que fue Tafalla la que le vio nacer como profesional. Y en él volvió aflorar la ambición del joven principiante, la de no permitir que nadie le moje la oreja. Y es que veintiséis años, en algunos casos, no son nada. En algunos…

Su primero fue un toro falto de codicia, tirando a soso, que en banderillas cambió a violento y se dedicó a pegar arreones. En este tercio, brilló Brindis en los embroques y, después, Beluga tuvo que pechar con ese ejemplar que ya era peor; por lo menos, solventó la papeleta, como lo hizo Pirata. La falta de acierto con el rejón letal obligó a guardar silencio hasta a sus incondicionales.

En su segunda intervención, sabedor de que el que fue uno de sus primeros discípulos, Domínguez, había cortado dos orejas y se habia asegurado la salida a hombros, salió a por todas y tiró de toda su artillería, de su pesos pesados. Lo paró con la templada maestría de Napoleón; lo banderilleó con el elegante poderío de Berlín, que atacó en cortas distancias, y con la vibrante soltura de Disparate, que, a la navarra, por el empeño de su dueño, acabó ejecutando una vibrante hermosina, prolongada en el tiempo al hilo de tablas. Fue a partir de aquí cuando el toro pareció venirse a más, condición que permitió al jinete, a lomos de Pirata, lucirse con las cortas y con adornos, poner la plaza al rojo vivo con un fenomenal para a dos manos e incendiarla con un rejón letal de efectos fulminantes. Triunfo grande para un torero a caballo legendario. Las polémicas, para otros. La historia, para él.

Domínguez, por su parte, mostró un buen toreo, maduro y más sereno y se sobrepuso a la dificultad de torear después del navarro.

Botero, voluntarioso en su primero, se entonó en el sexto y logró meterse la plaza en el bolsillo.

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