GUILLE HERMOSO CUMPLE UN SUEÑO Y SALE A HOMBROS EN PAMPLONA

Lo de Guillermo Hermoso de Mendoza fue llegar y besar al santo.

El también navarro Roberto Armendáriz cortó una oreja y Leonardo se fue de vacío. Reportaje fotográfico: Patxi Zizur.

Ganado: Toros de El Capea (quinto bis tras devolverse el titular al dañarse al rematar en un burladero) y Carmen Lorenzo (segundo y tercero) bien presentados, con cuajo y hondura, de noble juego en general, aunque con muchos matices. Destacó, por encima de todos, el buen tercero. También nobles el segundo, quinto y sexto. El primero, con poca chispa. Complicado fue el cuarto.

Rejoneadores: Leonardo (silencio tras aviso y ovación), Roberto Armendáriz (ovación y oreja) y Guillermo Hermoso de Mendoza (ovación y dos orejas).

Presidencia: A cargo de Fernando Purroy, asesorado por Antonio Purroy y el veterinario Antonio Puig Ayestarán, se mostró generosa en la concesión de la segunda oreja del sexto.

Incidencias.- Casi lleno después de una jornada lluviosa. El caballero estellés se presentó en Pamplona y salió por la puerta grande.

Guillermo Hermoso de Mendoza abrió la Puerta Grande en la corrida de rejones de Pamplona. Con el colorido blanco y rojo en los tendidos, el jinete navarro paseó las dos orejas del sexto y solo el rejón de muerte le impidió sumar alguna oreja más en el tercero, la faena de más entidad de la tarde. Guillermo Hermoso debutó en su tierra con un toreo clásico, batiendo al pitón contrario, que también estuvo aderezado de momentos de alardes para llegar al tendido cuando las embestidas de los astados vinieron a menos. Completaba el peso de la tierra el rejoneador Roberto Armendáriz que mantiene el idilio con Pamplona al cortar una oreja, mientras que Leonardo ofreció una buena tarde no rematada -como sus compañeros- con el rejón de muerte y el verduguillo.

Ahora bien, Guillermo Hermoso mató al sexto y último, al del triunfo grande, de pinchazo, rejón contrario y descabello, lo que explica que el premio debía haber sido de una oreja. El temple fue clave en un primer tramo de faena, para afianzar la embestida del toro, llenando mucho el escenario a través de varios galopes de costado con ‘Berlín’. Unas banderillas con ‘Índico’, atacando al toro con rectitud y batiendo al pitón contrario levantaron al público que por aquel momento se encontraba entonando la letra del pasodoble «Guapa y guapa». Entre ese tono festivo, el público pidió el doble trofeo para el jinete tras conseguir un rejón de muerte al segundo intento. Objetivo conseguido: Guillermo Hermoso de Mendoza se fue por la Puerta Grande.

Fue la faena al tercero la de más consistencia de la tarde, puesto que el toro de Carmen Lorenzo tuvo emoción en sus arrancadas y buen fondo. Guillermo Hermoso de Mendoza cuajó una faena a más, en la que destacó las hermosinas a lomos de Disparate. El punto más alto llegó con Ecuado  en dos banderillas que llegaron mucho al tendido por su emoción y ajuste, dando todas las ventajas al toro, batiendo al pitón contrario y clavando en el estribo. Remató su actuación con tres banderillas cortas colocadas en ‘una perra gorda’. Sin embargo, con el rejón de muerte y el verduguillo no encontró la rúbrica deseada.

Esa fue la tónica también en las dos faenas de Roberto Armendáriz. El jinete navarro tenía ante sí el reto de volver tras más dos años sin torear por la pandemia y cumplió con el objetivo. No a lo grande, pero sí para mantener su idilio. Dos faenas a dos toros nobles, pero que les faltó la pujanza necesaria para llegar más al tendido. Tuvo que poner mucho de su parte, pisar terrenos comprometidos y realizar alardes para mantener siempre la atención de unos tendidos que siempre apoyaron y mostraron su cariño al navarro. Las banderillas y los galopes de costado con ‘Capea’ al segundo y el par a banderillas a dos manos sin cabeza al quinto fueron los momentos de máxima emoción.

La tarde de Leonardo en Pamplona bien merecía una nueva Puerta Grande en uno de sus feudos, pues tuvo que sacar su lado más lidiador para dar con la tecla a las complicaciones que fueron planteando sus oponentes. Si la faena al noble pero soso primero fue de una estructura maciza y una pureza consagrada, mucho más mérito tuvo la del cuarto. El astado de El Capea siempre vino dormido, sin entrega y embroque, marcando su mansedumbre, costándole mucho salir de los terrenos de adentro. Tuvo el extremeño que aprovechar los viajes hacia los terrenos de las tablas para colocar arriesgadas banderillas en una faena que costó entrar al público, atendiendo por ese momento a no mancharse el blanco de sus vestidos con las diferentes grasas y salsas que aparecieron por el tendido. Volvió Pamplona a vivir, a vestirse de blanco y rojo y, también, a mostrar su bandera del rejoneo navarro de la que en esta ocasión salió en hombros Guillermo Hermoso de Mendoza.

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