FILIBERTO PROBÓ LA BRAVURA DE LOS MACHOS DE GANADERÍA DE PINCHA

Filiberto, de espaldas, y Manu Rodríguez, con cañas, intentan sacar al novillo del peto.

Filiberto, de espaldas, y Manu Rodríguez, con cañas, intentan sacar al novillo del peto.

El matador de toros murciano ofreció un recital de buen toreo ante un eral magnífico y una vaca extraordinaria. Galería fotográfica.

Como sucedió el año pasado, el ganadero navarro José Antonio Baigorri eligió al matador de toros murciano Filiberto para que le tentase el sábado pasado los machos marcados con el hierro de Ganadería Pincha. La tarde, soleada. El palco, repleto de público, incluido un grupo de buenos aficionados franceses de Mont de Marsan. Y en los corrales, tres erales dispuestos a dejar alto el pabellón de la ganadería.

Al ruedo de la plaza de tientas, saltaron los tres, con el fin de pasar la prueba para convertirse en sementales. Por ello, en esta clase de tienta no se utiliza capote a la hora de llevarlos al caballo y sacarlos de él, pues lo ejemplares no pueden ser toreados, salvo que superen el examen y queden para sementales. Esta es la razón por la que el matador y sus auxiliadores –Manu Rodríguez entre ellos- utilizaron ramas de caña.

El primero no quiso pelea con el caballo que montaba Ramitos, que ejerció con buen pulso su labor de picador. El segundo fue todo lo contrario. Bravo en el peto, tomó hasta diez varas, acudiendo al caballo desde el lado opuesto de la plaza, con buen tranco, prontitud y fijeza, y empleándose en el peto. Por todo ello, el ganadero decidió quemarlo.

Filiberto tomó la muleta y dejó clara muestra de la calidad de su toreo, en un trasteo largo, de más de doscientos muletazos, repleto de mando, temple y quietud, y eso que el novillo no permitió la ligazón deseada.

El tercer eral se estrelló contra un burladero y quedó resentido. Ante tal situación, el ganadero decidió con buen criterio devolverlo al campo, ya que no lo iba a poder examinar en plenitud. Y ante tal situación, decidió echarle al espada de Calasparra una erala, colorada, de bonitas hechuras y brava tanto en el peto como en la muleta. Fue una vaca extraordinaria que le permitió lucirse por ambos pitones a Filiberto, el cual, después de veinte minutos de elegante toreo, le dio el relevo al novillero navarro El Luri, que dibujó buenos muletazos.

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