Los toros de Rosa Rodríguez permitieron a los mozos lucirse con bonitas carreras. Imágenes: Aldanondo, Carasusán y G. Landa.
En el tercer encierro de las fiestas, protagonizado por los astados portugueses de Rosa Rodríguez, cuando todo parecía abocado a una nueva carrera de los toros en manada y de poca emoción ante sus astas, cuatro de ellos decidieron dar espectáculo al respetable destacándose del resto de astados en el tramo de Camino Caritat.
Semejante cuadrilla se distanció varios metros de sus otros dos hermanos y de los cabestros llegando a la curva de la calle Almajares con una velocidad que llegó a sorprender a varios de los corredores.
Tal fue la fuerza de los astados en este tramo que los cuatro confluyeron en un mismo punto: el vallado que cerraba la curva. El topetazo de los morlacos contra la madera fue tremendo…, pero se saldó sin lamentar baja alguna.
De hecho, el golpe contra el tablado tan solo provocó que la manada se volviese a unir.
De nuevo junticos, los toros ascendieron la calle Almajares escoltados por los numerosos corredores que se habían concentrado en ese punto.
Uno de morlacos de Rosa Rodríguez lanzó un derrote a su derecha que obligó a los mozos que corrían junto a él a hacer un veloz escorzo para evitar ser alcanzados.
Esta misma maniobra de evasión tuvo que ser ejecutada por otro corredor, habitual del encierro tudelano, justo en la curva de acceso a la avenida de Zaragoza. El joven apuró la llegada de la manada y quedó encerrado entre los morlacos y el vallado. El mozo tiró de sangre fría para salir airoso del trance, pero su carrera acabó allí.
Y es que la manada le rebasó para, poco después, estirarse a lo largo de la avenida de Zaragoza como si dibujara una formación en fila india.
La carrera estaba transcurriendo sin percances hasta que el lío llegó al callejón. Allí, a pocos metros de alcanzar la arena de la Chata de Griseras, el joven vecino de Marcilla J.C.C., de 20 años, cayó provocándose varias erosiones en ambas rodillas de las que fue atendido por los voluntarios de Protección Civil.
Con los toros ya en corrales, llegó el espectáculo del manso de cola que está siendo la sensación de los encierros de este año.
Se trata de un ejemplar de raza Cachena con una cornamenta que se asemeja más a la de un astado africano que a la de un morlaco ibérico en un encierro de Navarra.
Pero es que, como les he dicho varias veces en estas crónicas, Tudela is different. Y que siga así por muchos años.
















Festejos taurinos Pamplona, S. XIX