Son cuatro toreros navarros, se encargan, con sus respectivos capotes, de tirar de los toros en la plaza en las mañanas del 7 al 14 de julio y de evitar cada año que se produzcan incidentes en el ruedo. Imágenes.
Los cuatro dobladores del encierro coincidieron ayer en el Club Taurino de Pamplona en remarcar la importancia del concepto de equipo, de cara a solucionar o evitar problemas que se puedan producir en el ruedo de la plaza pamplonesa durante los encierros de San Fermín. Aunque era viernes, fueron los protagonistas de los llamados Jueves Taurinos que organiza el citado club y que ayer celebraron su quinta y última sesión, otra vez bajo un lleno hasta la bandera.El equipo actual de dobladores lo forman toreros, todos navarros: dos matadores de toros y dos banderilleros. Al primer grupo pertenecen Sergio Sánchez (Cintruénigo, 1968), doblador desde 1993, y Francisco Marco (Estella, 1978), desde 2012. Al segundo, al de los hombres de plata, pertenecen José Manuel Rodríguez (Lodosa, 1975), doblador desde 2005, y Manolo de los Reyes (Pamplona, 1974), desde 2009. Los cuatro comenzaron a ejercer de doblador un 7 de julio, festividad de San Fermín, famoso también por su capote.
El encargado ayer de romper el fuego fue el más veterano, Sergio Sánchez, quien, como siempre, se expresó con total sinceridad. “Ejercer de doblador es muy bonito y más como navarro. Antonio Robles ‘El Sevilla’ lo dejó y comencé así en 1993. Cuando me lo ofrecieron, me lo pensé. Y decidí decir que sí porque es un orgullo como navarro. Desde entonces, las anécdotas se acumulan, pero debo reconocer que hemos pasado mucho miedo. Siempre hemos sido un equipo muy unido. Primero, con Manolo Rubio, Lalo Moreno y Fernando Moreno. De doblador se viven momentos duros, de mucha tensión, ante gente, la mayoría de corredores, que no sabe nada. Somos un equipo en el que nos llevamos muy bien y nos comunicamos mejor. Nuestro cometido es que transcurra todo con normalidad, meter cuanto antes a los toros en los toriles.
Por su parte, Francisco Marco recordó sus comienzos como doblador. Comencé en 2012, pero antes de aceptar me lo pensé mucho. Yo seguía en activo como matador de toros. Me costó mucho llamar a Eugenio Salinas y decirle que estaba dispuesto. Debuté con toros de Dolores Aguirre; fue un encierro muy complicado, se quedaron tres toros… Los cuatro lo pasamos fatal. Yo toreaba al día siguiente la de Cebada Gago. Pero al final me vino bien. Llegado el día, se quedó un toro de Cebada. Sergio me dijo que me reservara para la tarde, que ya lo metía él. Fue un gran gesto por su parte. En este sentido, es muy importante que seamos un equipo. Ser doblador supone un orgullo tremendo, como navarro y como profesional. Me queda pendiente correr un encierro”, reconoció el matador de toros estellés.
Marco cedió el capote a José Manuel Rodríguez, un auténtico apasionado del toro bravo. “He sido siempre un enfermo del toro. Vivir en el campo, estar cerquita del toro… ha sido mi modo de vida. Como doblador, me llegó la oportunidad en 2005, tras la retirada de Lalo Moreno. Me ofrecieron la posibilidad de ser doblador en Pamplona. Yo toreaba entonces a las órdenes de Pablo Hermoso de Mendoza. Estuve 16 años con él. Y puedo afirmar que ser doblador es una de las cosas más bonitas que puede vivir una persona aficionada al toro”.
El banderillero lodosano dio a conocer un momento muy especial que viven los dobladores cada mañana. “Se trata de un momento muy nuestro: cuando estamos esperando a salir al ruedo, en el callejón de la plaza. Es el momento que peor lo pasamos, pero siempre nos mantenemos unidos pensando en cuánta gente llegará y cómo llegarán los toros. Por otro lado, reconozco que, con el paso del tiempo, me voy quitando ciertas manías. Una que tengo consiste en que, antes de salir al ruedo, me gusta tocar madera. Veo una varita y empiezo a jugar con ella. Ahora, si no la veo, me pongo nervioso. Del miedo, de los nervios, pasamos a disfrutar. Es una labor destinada a que los toros se enteren lo menos posible; no se puede recortar, ni torear, ni lancear. Siempre hay llevarlos en línea recta”, aseguró Rodríguez.
Por último, Manolo de los Reyes recordó también sus comienzos como doblador e hizo hincapié en la palabra equipo. “Ser doblador es el mayor regalo que he recibido como torero. Un navarro lo lleva dentro, desde que sabe lo que es la vida. En 2009, recibí una llamada. Era Eugenio Salinas y me propuso ser doblador. Sustituí a Fernando Moreno. En el primer encierro, pasé mucho miedo. Nunca he sentido tanto en una plaza de toros. Hay muchos factores externos que influyen. Tienes que ir aprendiendo una nueva profesión. Luego te das cuenta de que formas parte de una familia, de un gran equipo. Ser doblador no tiene nada que ver con vestirse de luces por la tarde”, matizó el banderillero pamplonés.
Volvió a tomar la palabra José Manuel Rodríguez, para explicar cómo trabaja este equipo, cómo se distribuyen estos cuatro mosqueteros del toreo. “Nos situamos dos delante y dos detrás, y procuramos que, cuando llegue la gente, se abra en abanico. Si viene un toro cortado, los que están delante, lo recogen. Si el toro aprieta, el otro doblador lo corta y lo frena un poco en su embestida. Cuando entra una pareja con un toro, la pareja de detrás pasa hacia adelante. Y si hay dos toros, recogen al que queda. La verdad es que tenía que haber muchísimas más pamplonas, por la organización, por la calidad, por el festejo, por la afición. Pese a esas críticas por el ruido, la categoría de Pamplona la queremos todos”.
El tiempo avanzaba sin piedad. Todos querían seguir, invitados y público. Así, se trataron temas como los cambios habidos en el encierro y los que se pretenden llevar a cabo, la amarga experiencia del montón de 2013 y la mesa del encierro, de la que, actualmente, los dobladores están excluidos, algo incomprensible por otra parte.
Terminada la charla, los cuatro dobladores fueron agasajados por el Club Taurino de Pamplona con sendos pañuelos rojos de la entidad y con sendas esculturas. La jornada concluyó con una cena de hermandad, a la que se unió otro matador de toros, también navarro, el pamplonés Francisco Expósito, que, quién sabe, quizá algún día tenga el honor de ser doblador del encierro de Pamplona.













Festejos taurinos Pamplona, S. XIX