CANITO Y SUS CONFESIONES EN EL CLUB TAURINO DE PAMPLONA

De izda. a dcha., el sociólogo Jorge Ramón Sarasa, Francisco Cano, Ignacio Usechi y Jesús García Urbina, presidente y vicepresidente por entonces del taurino pamplonés.

De izda. a dcha., el sociólogo Jorge Ramón Sarasa, Francisco Cano, Ignacio Usechi y Jesús García Urbina, presidente y vicepresidente por entonces del taurino pamplonés.

Hace once años, recibió un inolvidable homenaje por parte de esta entidad, en el que se sinceró de manera espontánea.  Habló de las fiestas, de las juergas con Hemingway y de la muerte de Manolete.

Se dice que con su cámara retrató más de setenta fiestas de San Fermín. Puede parecer algo exagerado pero… quién sabe. De lo que no cabe duda es de que disfrutó en la capital navarra, se emborrachó con Hemingway y dejó el objetivo de la cámara que captó la cornada mortal de Islero a Manolete en Linares, en el museo que Marcelino Jiménez promovió en un piso de la calle Estafeta.

Y dada su longevidad, el Club Taurino de Pamplona le rindió un inolvidable homenaje. La fecha, el 5 de noviembre de 2004, cuando el fotógrafo ya estaba a punto de cumplir 92 primaveras. El salón de la entidad pamplonesa fue el escenario de una completa exposición de su obra y de una cena en su honor, a la que asistió un centenar de socios.

Antes del ágape, se llevó a cabo un coloquio que fue presentado por Jorge Ramón Sarasa, sociólogo pamplonés ya fallecido,  que realizó una semblanza del entrañable profesional y un repaso histórico de la fotografía taurina.

Por su parte, Canito, siempre sonriente, amable y atento, recordó que llevaba setenta años dedicado a la fotografía taurina, lo que le había permitido conocer todos los rincones taurinos del mundo y a los más variopintos personajes. En Pamplona había estado presente en más de sesenta ocasiones, la mayoría durante las fiestas de San Fermín. “Aquí hice amistad con personajes tan famosos con Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Gary Cooper, Sofía Loren, Orson Welles, Devora Kerr, Hemingway y Ava Gadner, entre otros muchos”.

Asimismo, reconoció que fue el escritor americano con quien más amistad entabló en la capital navarra. “Nunca podré olvidar las borracheras que me cogí con Ernesto en el Marceliano. ¡Vaya juergas! Pero de eso hace ya mucho tiempo. Ahora Pamplona ha cambiado mucho. Da gusto verla”.

Por otro lado, rememoró aquel amargo 28 de agosto de 1947, día en el que fue testigo con su cámara de fotos en la plaza de Linares de la cornada mortal que le propinó el miureño Islero a Manuel Rodríguez “Manolete”. “Estaba ahí. Fue horrible. Un día trágico para España, como si hubiese muerto Franco”.

Quien quiso ser boxeador, vivió escondido durante la Guerra Civil. En su faceta taurina, llegó a torear hasta tres novilladas picadas con el nombre de Curro Cano. Fue después de la contienda, en 1942, cuando cambió definitivamente muleta y estoque por las cámaras fotográficas.

Tras agradecer el homenaje que se le rendía y firmar en el libro de honor del Club Taurino de Pamplona, recibió diversos obsequios, entre ellos un bajo relieve sobre el encierro pamplonés por parte de la citada entidad taurina, un óleo del pintor Ramos y un retrato que plasmaba su imagen realizando una fotografía, obra del también fotógrafo Javier Iriarte.

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