Salió a hombros en la plaza francesa de Eauze, tras cortar las dos orejas del cuarto, de Jerôme Bonnet. Galería fotográfica.
Debutó de luces el 2 de julio en Castelnau Rivière Basse y rubricó un triunfo grande. La historia se repitió ayer, también en tierras francesas, en la plaza de Eauze, donde le cortó las dos orejas al cuarto y último eral, de Jerôme Bonnet. Segunda actuación del novillero pamplonés Pablo Hernández y segunda salida a hombros.
En festejo matinal, se lidiaron cuatro erales del citado ganadero francés, que estuvieron bien presentados, mostraron buena condición y tuvieron calidad, salvo el primero, que resultó más áspero y complicado.
Hernández toreó mano a mano con Andoni Verdejo, que recibió el silencio del público tras una faena aseada, concluida con varios pinchazos, y que cortó una oreja del tercero, después de un trasteo que tardó en conectar con los tendidos y que cerró con una casi entera y un descabello.
El novillero pamplonés recibió a su primero con unos vistosos lances de rodillas, muy jaleados por el respetable. Continuó con unas verónicas de buen corte, muy templadas, a las que siguieron un par de chicuelinas y una media de manos bajas. Se oyó la primera ovación.
Comenzó la faena de rodillas, con un cambiado de rodillas y un pase de pecho, a los que siguieron otro cambiado y otro de rodillas. Ya de pie, con serenidad, fue ejecutando series por ambos pitones, con temple y seguridad. Pero la estocada llegó después de dos pinchazos, lo que le privó de trofeos. Recibió una ovación, a la que correspondió saludando desde el tercio.
Frente al cuarto, volvió a lucirse de capa: dos medias afaroladas, ramillete precioso de verónicas, rematadas con una revolera. De esta forma, fue sacando al eral hasta los medios.
Con la muleta, comenzó la faena con unos doblones mandones, que dejaron al eral en los medios. En este terreno, se sucedieron las tandas por ambos pitones, con series de hasta cinco derechazos, con gusto y sabiendo siempre lo que se traía entre manos. Fue una labor en la que remató muy bien las series, con pases de pecho, trincherazos y pases del desprecio, y con una gran conexión con el público. Terminó con una buena estocada y cobró con toda justicia las dos orejas del buen novillo.
Pablo Hernández salió a hombros, fue declarado triunfador de la novillada y recibió también un trofeo al mejor toreo de capa, por el quite que le había realizado al tercero, un gran quite por verónicas, rematadas con una media de magnífico estilo.












Festejos taurinos Pamplona, S. XIX