Para el ganadero José Antonio Baigorri, el tentadero del domingo fue el más completo de todos los que ha llevado a cabo desde el comienzo del otoño. Reportaje fotográfico: Philips Latour.
La finca El Ontanal de Lodosa fue el domingo pasado el escenario del tentadero más completo de todos los que ha llevado a cabo el ganadero José Antonio Baigorri desde el comienzo del otoño. Por su casa han pasado numerosos matadores de toros, como el pamplonés Francisco Expósito, Ángel Téllez, Javier Cortés, Sánchez Vara, Joselillo, Serafín Marín, Ángel Puerta, Paco Ramos, Esaú Fernández y Gómez del Pilar, entre otros, y todos han abandonado Lodosa satisfechos del toreo ejecutado por la calidad de la materia prima tentada.
Los afortunados el domingo pasado fueron Pedro Carra, Francisco Corpas y Rafael Orellana, éste por partida doble. Tentaron cuatro vacas, todas marcadas con el hierro de Ganadería de Pincha, todas de alta nota y todas –algo nada frecuente en esta casa por su exigencia- aprobadas por el ganadero. Clarinera, Remarcada, Soñadora y Fundidora, todas de capa negra, formaron un gran conjunto de bravo y eso que provienen de cuatro sementales diferentes.
Todas tomaron seis varas a conciencia y la última una más, siete, en una jornada en la que brillaron el picador Juan Manuel Sangüesa y el auxiliador Manu Rodríguez, de la propia Lodosa. Las cuatro eralas, por tanto, fueron bravas en el caballo, ya que tomaron seis varas por cabeza y cada vez a mayor distancia del peto.
Y en la muleta, las cuatro derrocharon nobleza, fijeza, recorrido, motor, clase y durabilidad. Sólo la primera, la que correspondió al riojano Carra, fue algo más pastueña; las demás se caracterizaron por su clase y motor.
En tales condiciones, poco que decir respecto a los tentadores. Con sus respectivos estilos, todos disfrutaron ante esas vacas. Primero, el citado Carra. Seguidamente, el venezolano Orellana, al que le correspondieron la segunda y la cuarta. Y en tercer lugar, el sevillano Corpas. Los tres pudieron lucirse, estuvieron a gusto y realizaron buenas y largas faenas, tirando de repertorio, de quietud, de mando, de limpieza en los cientos y cientos de muletazos que se pudieron ver. En definitiva, todo un lujo de tentadero.






























Festejos taurinos Pamplona, S. XIX