LA BRAVA CORRIDA DE SOBRAL EN TAFALLA NO PUDO CON JAVIER CASTAÑO

El bravo ‘Traquino’ fue justamente premiado con la vuelta al ruedo.

El palco le cerró la puerta grande al veterano espada salmantino, que se despedirá de Navarra en Sangüesa. Imágenes, Buxens.

Ganado: Seis toros de Sobral, corrida variopinta, bonita, pareja y con trapío, brava en varas, donde le pegaron mucho, encastada y con carácter; el tercero, Traquino, número 96, un gran toro, fue premiado con la vuelta al ruedo; quinto y sexto fueron ovacionados en el arrastre.

Toreros: Javier Castaño (silencio tras aviso, oreja y vuelta al ruedo tras fuerte petición) y Damián Castaño (silencio en los tres).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Tafalla (Navarra). 17 de agosto de 2025.

Incidencias: Tres cuartos de plaza. Tarde de bochorno, amenazando tormenta. Tercera de feria. Javier Castaño tuvo que saludar tras realizar el paseíllo.

Al igual que en la tarde del sábado, había interés por ver a estos astados procedentes de tierras portuguesas en un cartel coprotagonizado por los hermanos Castaño.

Ambos llegaban a Tafalla en distinta situación. Javier, en el año de su despedida de los ruedos, parecía decir adiós al territorio foral (a expensas de saber si se acartela en alguna plaza navarra más). Por su parte, la tarde de ayer era para Damián el prolegómeno de una de sus corridas más importantes del año, la del martes en Bilbao con los de Dolores Aguirre.

Cada uno con sus circunstancias, hicieron frente a un interesante encierro de variadas capas y buena presentación, cumpliendo ese lema del “Toro-Toro” que aparece en el cartel de la feria.

Destacó por encima de todos sus hermanos Tranquino, un cinqueño cárdeno muy muy claro que saltaba al ruedo cuando el cielo sobre Tafalla se tornaba cárdeno muy muy oscuro. Sin embargo, la amenaza de lluvia no importó al respetable, que disfrutó como un niño el seis de enero con el juego del bravo sobral.

El puyazo recetado tras un buen recibo capotero supo a poco en el tendido, deseoso de disfrutar de la arrancada del bello cinqueño al caballo. No pudo ser. Conviene recordar, ante posibles despistes, que en esta plaza no es obligatorio dar dos puyazos, como ocurre en las plazas de primera, si bien es habitual por su personalidad torista.

Piqueros aparte, la faena armada por Javier Castaño sobre el pitón derecho arrancó los olés más sentidos de la afición, encantada de disfrutar de un toro bravo. Sin embargo, la sensación final tras dar también varios naturales fue que a Tranquino se le podía haber exprimido aún más. Con todo, una media estocada y descabello precedieron a la concesión de la oreja. Asomó el pañuelo azul para ordenar la vuelta al ruedo del bello toro cárdeno.

Así, con media puerta grande abierta, salió de nuevo Javier con actitud para aprovechar su última bala, el quinto de la tarde. Recluido, un cuatreño castaño bragado, puso en apuros a los hombres de plata durante el tercio de banderillas.

Sin embargo, el matador de Salamanca apostó por un inicio con bonitos doblones saliéndose al centro del redondel. Sin llegar al nivel de su anterior faena, Castaño trató de aprovechar ambos pitones a los sones de la música antes de dejar una media tendida.

La mayoritaria petición de oreja se estampó con una rigurosa presidencia que no concedió el trofeo, probablemente por la colocación de la tizona. En su primer toro, Javier Castaño fue silenciado tras torear sobre la diestra sin llegar a confiarse en exceso con un piso muy húmedo.

Damián Castaño, el pequeño de los hermanos, pechó con dos toros (segundo y cuarto) de duro comportamiento. En su primero apenas pudo aprovechar unas embestidas que siempre terminaban con la cara arriba, mientras que en su segundo sí pudo gustarse en un inicio de faena por doblones. Quizá un segundo puyazo a este su segundo, quinto en orden de lidia, hubiese venido bien, pues estaba muy crecido. Sin embargo, pudo desquitarse con el sexto, un sobral también picado una sola vez, pese a los deseos del público.

Tras un buen tercio de banderillas, inició la faena por el pitón derecho y apostó. Al toro había que poderle y, tras varias tandas, Damián Castaño terminó por pegarse un arrimón que cualquiera que lo viese sin saber que torea el martes en Vistalegre pensaría que necesita abrirse camino sí o sí en esto de los toros. Pese a poner toda la carne en el asador y redimirse de sus dos anteriores faenas, el mal uso de la espada, habitual en ambos hermanos toda la tarde, se llevó el premio.

Crónica de Álvaro Alonso, publicada en Navarra.com

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