TARDE DE SILENCIOS EN SAN ADRIÁN CON ERALES NAVARROS DE OREJAS

Cierre de faena de Mario Palacios. Fotografía: Isabel Virumbrales.

La novillada de Ganadería de Pincha, de Lodosa, resultó noble y encastada, humilló, repitió y tuvo transmisión.

Ganado: cuatro erales de Pincha. Bien presentados, nobles y encastados, con un tercero aplaudido en el arrastre.

Mario Palacios: silencio tras aviso en ambos.

Raúl Bravo: silencio en ambos.

Presidencia: A cargo de Rosana Cigudosa, asesorada por Rosa Loranca y Belén Ferrer, cumplió bien su cometido.

Incidencias: tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Raúl Bravo visitó la enfermería tras estoquear al segundo de la tarde por haber sufrido una aparatosa voltereta.

Nobles y encastados fueron los erales que saltaron en la tarde ayer al ruedo del coso de San Adrián. Los de Pincha fueron bien presentados, eran preciosos de hechuras, primero y cuarto más cuajados, con mayor presencia. Todos los ejemplares compartieron casta y nobleza, humillaron, repitieron y tuvieron transmisión.

Lamentablemente los novilleros no estuvieron a la altura de sus oponentes. Mario Palacios comenzó la tarde recibiendo a portagayola a Valiente. Su saludo capotero quedó en eso. Valiente fue muy mal lidiado en banderillas, demasiados capotazos. En el tercio final, se levantó una leve brisa un tanto molesta que hizo que Palacios no se sintiera cómodo en la cara, nunca llegó a someter al animal, que mostró la misma codicia de principio a fin, y se dejó tropezar el engaño en múltiples ocasiones. Anduvo hábil con la espada y mató de estocada casi entera. Escuchó un aviso y fue silenciado.

El capote fue un mero trámite en el tercero de la tarde, un eral de nombre Milagrosa que siempre fue a más. Palacios quiso comenzar la faena con un pase cambiado por la espalda, el novillo llegó a la muleta con son y desarmó al joven argandeño. Por el pitón izquierdo trazó algún muletazo largo, pero Palacios no siguió por ese camino, continuó en un tono más mediocre, dejando al descubierto su carencias y las virtudes de Milagrosa, un novillo de escándalo, que humillaba, repetía, tenía fijeza. Faena larga rematada con pases cambiados y bernardinas. La presidencia sacó el pañuelo para hacer sonar el primer aviso mientras el novillero se perfilaba para entrar a matar, estocada que hizo guardia. La ovación del novillo en el arrastre y la petición de la vuelta al ruedo de este por parte del público, contrastó con el silencio que escuchó Palacios.

Desde Alicante llegó Raúl Bravo sumido en un mar de dudas de principio a fin de la novillada. Toreó de capote sin abrir los brazos, razón por la que sus dos novillos se le venían encima. No fue capaz de sacar partido del segundo de la tarde. Un eral que embestía de manera incesante con clase, con pujanza: con emoción y que al final de cada muletazo se abría quedándose colocado para el siguiente. Bravo se quedó descubierto en más de una ocasión y el de Pincha le dio una desagradable voltereta. Tras el percance, Bravo perdió los papeles y decidió empuñar la espada. Estocada trasera y descabello.

En el último, Bravo quiso mostrar su faceta lidiadora con un ejemplar que era para torearlo con verdad y gustarse, pedía que le adelantaran el engaño para ir toreado hasta atrás; siempre que le dejaron mostró que tenía recorrido y emoción. Tampoco anduvo acertado con las distancias, o cercanías o largo, nunca hubo término medio. La suerte suprema la firmó con una estocada trasera.

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