
Román entre los miembros del jurado del trofeo a la mejor estocada de San Fermín, distinción que consiguió el diestro el año pasado y que recogió el jueves.
Justo un día después de su triunfo frente a seis toros de La Quinta, el matador de toros levantino se desplazó hasta la capital de Navarra para ofrecer una charla en el Club Taurino de Pamplona. Imágenes.
El diestro Román fue el jueves pasado en el Club Taurino de Pamplona el cuarto protagonista de los llamados Jueves Taurinos. Con entrada libre, provocó otro lleno en el salón social de la entidad pamplonesa y reconoció sentirse muy orgulloso de lo que había hecho en Valencia veinticuatro horas antes, tarde en la que cortó dos orejas a seis toros de La Quinta. “Ayer (por el miércoles) comencé la temporada. Fue una tarde dura. Plaza de primera, toro serio, corrida televisada, mucho viento, arranque de la mi temporada… Por cogida de Borja Jiménez, me tuve que quedar con los seis toros. Y me siento muy orgulloso de lo que hice”, aseguró.
Y es que la plaza de la capital levantina es la más importante para este matador de toros. “Llevo diez años viviendo en Madrid, pero la plaza que más pesa es la de Valencia. Es mi casa. En ella, todo el mundo te apoya, pero quieres dejar el listón alto. El cariño que sientes es brutal al llegar a la plaza, pero me responsabiliza bastante. Pese a todo, me pesa mucho más que Madrid”, reconoció.
Preguntado por el peor toro y el mejor de su trayectoria profesional fue claro. “Para mal, un toro en Guadalajara, en 2022 o así, que fui incapaz de matarlo. Fue un toro imposible desde que salió al ruedo. Me lo echaron al corral. Y para bien, uno de Algarra, llamado Fusilero; lo toreé en Valencia y con ese toro fui triunfador de la Feria de Julio”, explicó.
Román consiguió el año pasado el trofeo a la mejor estocada de la Feria de San Fermín, reconocimiento que otorga el Club Taurino de Pamplona y que los miembros del jurado aprovecharon la ocasión para entregárselo al torero al final de su charla. Consiguió este premio por la ejecutada al toro Semillero, número 74, de 510 kilos y de Cebada Gago, lidiado en segundo lugar el 8 de julio.
Román Collado, que el 15 de marzo cumplió 32 años, ya cuenta con su pequeña historia en Pamplona. Desde debut como matador de toros en 2017, se ha hecho un hueco en la Feria de San Fermín. Cinco años antes, en 2012, cortó una oreja a un utrero de El Parralejo en su etapa de novillero. Tras la alternativa, ha estado presente en cinco ferias, ha hecho cinco paseíllos, ha estoqueado diez toros y cortado tres orejas
“Pamplona me encanta. Disfruto mucho. Llevo viniendo de fiesta desde que tenía 17 años. Lo bueno que tiene es que hay que saber que estás en Pamplona, con sus características, su ruido. Tienes que estar muy concentrado, tú y el toro. Me lo dijo Paco Ureña. Estoy muy a gusto, todo gira en torno al toro. La plaza, llena. Ojalá hubiese cien pamplonas. Es una plaza que va con mi personalidad, con mi forma de ser. En este sentido, me siento muy pamplonica. De hecho he corrido el encierro en cuatro ocasiones, aunque sólo dos de verdad, con toros de Miura y de Garcigrande”, se sinceró el espada valenciano.
Terminada su charla, Román fue agasajado por el Club Taurino de Pamplona con un pañuelo rojo de la entidad y con una figura en plata de San Fermín. Como ya se ha indicado, recogió también el trofeo a la mejor estocada de la pasada Feria de San Fermín. La jornada concluyó con una cena de hermandad, en la que, como no podía ser otra manera, el toro siguió siendo el protagonista.















Festejos taurinos Pamplona, S. XIX