QUINTA Y ÚLTIMA DE LA FERIA DE TAFALLA: Y QUE SEAN DIEZ “RECITALES” MÁS DE BRAVURA

Pinar conoció las dos caras de la moneda: la sangre y el triunfo. Fotografía: Jesús Garzaron.

El titular de Los Recitales recibió un homenaje del club taurino tafallés por su décima comparecencia en la feria de esta ciudad.

Ganado. Seis toros de Los Recitales, bien presentados y de juego dispar; noble pero justo de fuerza el primero; rajado el segundo; con guasa el tercero, con calidad cuarto y quinto, aplaudidos en el arrastre, y bravo con clase el sexto, un muy buen toro premiado con la vuelta al ruedo.

Diestros.

Antonio Ferrera: saludos desde el tercio y oreja tras aviso.

Oliva Soto: silencio en ambos.

Rubén Pinar: oreja y dos orejas. Salió a hombros.

Presidencia. A cargo de Pablo Larrasoaña, asesorado por Pilar Boteras y Ángel Gómez, cumplió bien su cometido.

Incidencias. Dos tercios de plaza. Tarde soleada, luego nublada y siempre muy calurosa. Pinar hizo el paseíllo desmonterado. El subalterno Raúl Reyes saludó tras banderillear al segundo. Lo mismo hizo David López tras picar al sexto.

No se puede pedir más para cerrar una buena feria -la segunda de Navarra, con aroma de primera- que un festejo como el de ayer, que se vino arriba en su segunda mitad y que satisfizo a toda la plaza, al aficionado y al público festivo no entendido en materia taurina. Y, si no, que se lo digan a la mirandesa Cristina, que, pese a su amable sonrisa, se ha convertido en una aficionada más dura que los del 7 madrileño.

Ya había sucedido otros años. Hubo que esperar hasta el final para poder hablar de un toro completo, bravo en el caballo y con mucha clase en la muleta. Así fue el llamado «Adaptador», un cuatreño negro, marcado con el guarismo 91, premiado justamente con la póstuma vuelta al ruedo. Y, aunque apenas se apreció, el palco, en su buena labor, sí colgó el pañuelo azul.

No sólo fue el mejor toro de la tarde, de los tres que hubo con calidad, sino también de la feria. Y eso que la corrida de Los Recitales, inicialmente, despertó dudas. Uno justo de fuerza, rajado otro, con guasa el tercero… Pero con los tres últimos se disiparon las dudas. El festejo se vino arriba y, cuando hay materia prima de calidad, nadie se aburre, ni el torista más radical.

El estupendo sexto cayó en manos de un Rubén Pinar, que se ganó un triunfo redondo a pulso. Primero, dio la cara ante el tercero, un toro complicado, más desconcertante que algunos políticos. Se lució primero con un quite muy suave por chicuelinas. Ya en el último tercio, se encontró con un toro dócil por el izquierdo pero falto de clase y que echó la cara por las nubes por el otro. Al prepararse para una tanda al natural, el toro le alcanzó y le propinó una paliza que, por fortuna, quedó en eso, en dolorosos golpes.

Siguió en redondo, cómodo, sin apreturas, siempre muy técnico, demasiado quizá, algo frío incluso de cara a conectar con unos tendidos que le querían premiar. Mató de una casi entera y salió cogido del embroque con un puntazo en la mano izquierda, Muy dolorido, tuvo que pasar por la enfermería, de donde salió por su propio pie para lidiar al que cerró plaza.

Y pese a que no estaba en sus mejores facultades físicas, y tampoco mentales, se fue decidido a la cara del sexto, un toro que peleó con bravura en varas y que derrochó clase en el último tercio; en definitiva, un toro bravo, con las exigencias propias de la casta, pero de magnífico juego, de dos orejas.

Pinar cuajó al toro por ambos pitones, a base, no de arte, ni de poderío, sino de una envidiable técnica y unas ganas a prueba de fuego. Además, cobró las dos orejas del cuatreño tras una faena repleta de ligazón y empaque, en la que restó méritos ese pinchazo hondo previo al descabello.

Ferrera tampoco se pudo quejar de lote. Toreó en su estilo, rápido, al que abrió plaza, un toro muy noble, con buen fondo, pero justo de fuerzas. Los muletazos a media altura se sucedieron, tanto los naturales como los derechazos. No mató con buen estilo ni a la primera y todo quedó en una ovación. Frente al cuarto, un toro con estupendo son por el pitón derecho, que también se dejó por el otro, desarrolló su estilo; es decir, le faltó temple, torear al ritmo que pedía el toro, que embistió haciendo el avión. Pese a ello, se le concedió una oreja, en premio a sus ganas, supongo.

Oliva Soto se encontró en primer lugar con un distraído y rajado ante el que poco pudo hacer, salvo matarlo mejor. Sin embargo, el quinto derrochó también calidad. El sevillano dibujó el mejor toreo en redondo de la feria pero de nuevo los aceros le jugaron una mala pasada y así…

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