MUCHA MANSEDUMBRE Y UNA OREJA EN EL ARRANQUE DE LA FERIA DE TAFALLA

Giménez, que se presentó en Navarra como matador de toros, paseó en triunfo la única oreja concedida a lo largo de la tarde.

Los toros de Conde la Corte defraudaron sin paliativos, tanto que, por ejemplo, el primero fue condenado a banderillas negras. Fotografías: Buxens.

Ganado: Seis toros de Conde de la Corte, de correcta presentación aunque desiguales, y mansos en diversos grados: manso de manual el primero, llamado Jefe, número 1, condenado a banderillas negras; deslucidos el segundo y el tercero; manejable el cuarto; con empuje en varas, manso noble y con clase en la muleta el quinto; chico y descastado el sexto.

Toreros: Gómez del Pilar (silencio y saludos), Miguel Giménez (silencio y oreja) y Diego García (silencio en ambos).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Tafalla (Navarra). 16 de agosto de 2025.

Incidencias: Media plaza. Tarde muy calurosa (40º durante el paseíllo). Primera de feria. Debutó con buen aire de alguacililla Irene Jiménez. Ovación al monosabio Francisco José Fajardo por proteger a un caballo en el primero. Francisco Javier Tornay saludó montera en mano tras banderillear al tercero y fue cogido por el sexto, sin más consecuencias que la paliza; pese a ello, fue trasladado al Hospital Universitario de Navarra para un estudio radiológico.

Mal empezó el serial tafallés: nada menos que con pañuelo rojo de banderillas negras al primer toro. Los dos siguientes, descastados. Y los toreros sin echar la pata con ganas de lidiar con recursos; el personal lo habría sabido apreciar. Al contrario, abreviaturas sin garra porsiaca para matar.

Al ecuador de la función, el mismo peñazo y la misma decepción. Sí anotar que Lacunza blandió ese moquero colorado para premiar con banderillas negras a ese que partía feria. Y, quizá, unos doblones estilosos de Diego García con el tercero, en el que tocaron hasta un tan chulo como inmerecido Puerta Grande. La ovación de la tarde se la llevó más que merecidamente el monosabio granadino Francisco Javier Fajardo Hernández, que protegió a un caballo de picar cuando ese mansurrón primero se dedicó a desmontar a los jinetes y crear el pánico. Escena que pondría a cavilar a más de uno: antitaurinos, politiquillos corrupios…

La cosa cambió bastante con el cuarto toro. Era el bonito Almena, que sacó mayor movilidad y ganas de embestir por abajo que sus hermanos; aunque mejorarles era bastante fácil. Gómez del Pilar se fue haciendo con él. La música sonó con más sentido y las series surgieron con cierto grado de mando y emoción. El personal lo agradeció. Estaba la oreja a falta de un espadazo eficaz, pero el de la Villa y Corte trajo un arma atascada. La escena de cerró con aplausos cariñosos desde los medios.

El quinto fue Pelo-liso, de cuajadas hechuras. Se rajó tantas veces de los engaños de Giménez como volvió con nobleza al cite. Cada tanda era un irse y volver. Incluso metía dos veces la cara planeando. Giménez lo entendió y supo esperar para darle fiesta sin apreturas, pero con mérito. Espadazo y oreja. Buen debut del valenciano.

El sexto, además de chico, fue el regreso a la descastada primera parte de la función. Para un buen recuerdo: esos valientes, Fajardo y Tornay.

Crónica de Manuel Sagüés, publicada en Diario de Noticias.

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