MIURA, ‘VENI, VIDI, VICI’. CRÓNICA DE LA PRIMERA DE LA FERIA DE ESTELLA

Pase de pecho de Francisco Marco a su primer Miura.

Pase de pecho de Francisco Marco a su primer Miura.

El leonés Castaño cortó la única oreja de la tarde y mereció otra del peligrosísimo sexto.

Ganado: Seis toros de Miura, muy bien presentados, que cumplieron de sobra en el caballo y con nobleza en el último tercio, salvo el complicado cuarto y el peligrosísimo que cerró plaza.

Diestros:

Luis Miguel Encabo: saludos desde el tercio en ambos.

Francisco Marco: saludos desde el tercio y silencio tras aviso.

Javier Castaño: oreja y silencio.

Presidencia: A cargo de Ignacio Sanz de Galdeano, asesorado por Juan José Crespo y la veterinaria Rosa Loranca, cumplió correctamente su cometido.

Incidencias: Tres cuartos de plaza. Tarde soleada y agradable. Luis Miguel Encabo hizo el paseíllo desmonterado. La ganadería Miura debutó en esta plaza de toros navarra.

Nadie se aburrió ayer en la plaza de toros de Estella. Al contrario. Los toros de Miura debutaron en esta ciudad navarra y dieron interés a un festejo que mereció saldarse con más trofeos.

Pero es que, además y aunque a algunos les cueste creerlo, hubo cuatro ejemplares que embistieron con nobleza en el último tercio, que se dejaron torear sin problemas, con mayor o menor clase, y que permitieron cierto lucimiento de la mano de obra.

La corrida de Miura cumplió sobrada en varas.

La corrida de Miura cumplió sobrada en varas.

Los otros dos, cuatreños asimismo, como el resto del encierro, no dieron opción al toreo. El cuarto fue muy complicado en la muleta y el sexto, el toro más peligroso de lo que llevamos de temporada taurina en Navarra. ¡Vaya regalito!…

En conjunto, el encierro cumplió sobrado en el caballo; incluso hubo toros que salieron airosos de un segundo encuentro con el peto. De hecho, la corrida recibió mucho más castigo que la lidiada del mismo hierro en Pamplona el pasado día 14; en Estella no fue tan medida en varas.

Respecto a la mano de obra, el único diestro que consiguió un trofeo fue Castaño, que dejó muy buena impresión. La consiguió del tercero de la tarde, un toro al que dejó lejos para que se arrancase pronto al caballo y se pudiese disfrutar de la suerte de varas.

De esta manera mató Castaño a su primero, al que le cortó la única oreja de la tarde.

De esta manera mató Castaño a su primero, al que le cortó la única oreja de la tarde.

Este cárdeno tuvo nobleza en el último tercio pero se desplazó con muy corto recorrido. El espada leonés, curtido en estas duras lides, sabedor de lo que se traía entre manos, lo toreó con la diestra en cortas distancias, incluso algo encimista. Por el izquierdo, el miureño se quedaba tan corto que no terminaba de pasar. Mató de un pinchazo arriba y una casi entera, y cobró la única oreja que se concedió a lo largo de la tarde.

La mereció también del sexto, un castaño que sólo quiso coger, herir, hacer daño, que sólo deseó hule para el humano. Por el pitón derecho, se desentendía del engaño y buscaba descaradamente el bulto. Por el otro, se revolvía con agilidad. Castaño se la jugó abiertamente, cuando podía haberse descomprometido, le dio a Manchadito la única lidia que tenía y se empeñó en matarlo arriba, pese a que en el embroque el toro se iba a por él; de ahí llegaron varios golpes, uno de ellos en el cuello. Por todo ello, el de Cistierna mereció una oreja y la consiguiente la salida a hombros.

Derechazo largo de Francisco Marco a su primero.

Derechazo largo de Francisco Marco a su primero.

También la tuvo alcance Marco pero la perdió con los aceros. Se llevó -esta vez sí- el lote más noble de la tarde, dos toros que se dejaron, sobre todo por el pitón derecho. Su primero fue, además, dócil y pronto. El estellés lo toreó en varias series con la diestra, con mucha firmeza y decisión. Pero se equivocó en la suerte suprema. Tras cuadrarlo, el toro se le arrancó y el estellés debió dejarlo pasar en vez de atacarlo con lo que acabó siendo un metisaca. Se precipitó y perdió así un trofeo que se había ganado a pulso. El quinto embistió con nobleza y suavidad, casi a ritmo mexicano. El matador de toros navarro lo cuajó con derechazos y redondos, hasta que el toro fue a menos y la faena, también. No acertó a la hora de matar y se le esfumó otra oreja, la segunda.

Encabo se lució con los rehiletes, sobre todo ante el que abrió plaza.

Encabo se lució con los rehiletes, sobre todo ante el que abrió plaza.

A Encabo se le vio demasiado precavido frente al noblón que abrió plaza, Jarrero, número 37, entrepelado, y se justificó con honradez frente al parado y deslucido que salió en cuarto lugar.

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