FALLECE NOEL CHANDLER, CORREDOR DEL ENCIERRO DURANTE 20 AÑOS

Noel Chandler en la calle De la Merced en 2011. Fotografía: Calleja.

Noel Chandler en la calle De la Merced en 2011. Fotografía: Calleja.

Ex directivo de Fujitsu, el galés fue un habitual en las fiestas durante más de 50 años.

El veterano ex corredor del encierro y visitante de los Sanfermines Noel Chandler ha fallecido a los 76 años de edad. Ex directivo de Fujitsu, el galés fue un habitual en las fiestas durante más de 50 años.

Era, junto con Jim Hollander, Joe Distler o ‘El Bomber’ (fallecido en 2013), uno de los guiris ilustres de los Sanfermines. A él, sin embargo, no le gustaba esa palabra. En una entrevista realizada el año pasado, argumentaba que su corazón, sus arrugas y hasta sus cojeras tenían mucho de pamplonica.

La celebración del inicio de las fiestas en su casa de la calle Estafeta se había convertido en una cita mítica para “más de 200 amigos”, de aquí y de allí. Recordados serán los brindis de todos ellos, “siempre con ”Möet Chandon”, entre paredes empapeladas con fotos del encierro, la cabeza del kiliki Verrugas vigilante desde una esquina, una figura de San Fermín tallada en madera y hasta la faja original con la que corrió delante de los toros durante más de 20 años.

“Este pueblo me ha dado un montón de amigos especiales”, confesaba en 2011 tras un homenaje que le brindaron todos ellos en plenas fiestas.

Este es el reportaje-entrevista que publicó Diario de Navarra ese año.

Cincuenta años seguidos, sin fallar uno, viniendo a Pamplona. Es el galés de 72 años Noel Chandler, antiguo ejecutivo de Fujitsu por medio mundo. Miles y miles de kilómetros y miles de dólares invertidos durante medio siglo por una feliz adición: los toros y los Sanfermines. Recuerdan los más veteranos entre americanos, canadienses, irlandeses y suecos que este antiguo jugador de rugby en País de Gales es el patriarca de todos ellos en San Fermín. La gente de Pamplona como Tito Murillo o Atanasio le enseñaron a correr y él ha hecho lo mismo con otros visitantes. Se confiesa adicto a los toros desde que hace más de medio siglo entró en España desde África y se quedó impactado con el toreo largo y hondo, como el descubrimiento de una especie de ballet con la muerte de fondo. Aprendió de Antonio Ordóñez. Y todavía sigue aprendiendo porque viaja de feria en feria sin olvidar nunca Pamplona.

Este año, en el inicio de la fiesta que más ama, sus amigos americanos y de medio mundo le sorprendieron a su llegada a Pamplona regalándole 50 rosas y una fotografía enmarcada de Jim Holander. Y ayer le volvieron a sorprender sacándole de su casa de la calle Estafeta e invitándole a un almuerzo en la calle La Merced donde se escuchan las jotas de José Echarte “Puchero”. Y pasaron corredores veteranos para felicitarle. No faltaron compatriotas de gigantesca calidad humana como Larry Belcher o Joe Distler. Recuerda que también conoció a Matt Carney, la referencia de todos los angloparlantes que llegaban a Pamplona. Matt Carney tenía la simpatía y la humanidad que le faltaba a Hemingway, y cuando murió, Chandler apadrinó a su hija que también ha llegado a correr en el encierro.

Ahora, alto ejecutivo jubilado, ha elegido retirarse en Madrid que es donde puede participar de algo que sólo se explica en el territorio de las emociones, el valor y el arte: el toreo. Lleva vistas más de 3.000 corridas.

¿Por qué esa pasión por San Fermín?

Nace por mi afición por el toro, los encierros y las corridas, pero sobre todo porque este pueblo me ha dado un montón de amigos especiales. Es una amistad distinta. En Sevilla, por ejemplo, no tengo tantos amigos. Ya soy excorredor, echo de menos el miedo de todas las noches y el salir con los amigos íntimos del encierro.

¿Cómo ha organizado su agenda para no faltar ningún año?

Tuve suerte con las empresas con las que he trabajado. Los primeros años estaba en Londres y hay vuelos muy baratos a Gibraltar. Siempre en mi contrato con las empresas he puesto como condición venir a Pamplona en el mes de julio.

Ha viajado desde Singapur por ver toros…

Fue para ver a Antonio Ordóñez en la corrida goyesca de Ronda.

¿Qué anécdotas no olvida?

En una ocasión, trabajando en Méjico, tomé un avión a Miami, para enlazar a Londres. Era un viernes. De Londres tomé otro avión a Bilbao y en aeropuerto alquilé un coche para llegar a mi casa en Pamplona. Me levanté por la mañana para llegar con tiempo a correr en el encierro de Tafalla. Llegué a Tafalla y vi que no había nada. Le pregunté a un policía y me dijo que el encierro ya se había celebrado. Resulta que me olvidé de cambiar la hora de Londres por la hora de España y me quedé sin encierro porque al lunes siguiente tenía trabajo en Londres. Fue divertido.

¿Cómo les explica a sus amigos una fiesta que ha evolucionado tanto en 50 años?

Hay cosas de ahora que no me gustan, como ese chico que citó a un toro en la Plaza de Toros. Eso es un problema como el enorme ambiente de la noche. Me gustaba la música espontánea de antes en los bares, no la música electrónica de ahora. Ahora es imposible oír una jota en la Plaza del Castillo. Es un folclore y una maravillosa cultura que debemos conservar. No puedo imaginar otro sitio en el mundo con esta variedad de cosas. Hay fiesta para todo el mundo, para los niños, para los veteranos, para todos. Pero soy un poco pesimista si pienso en el encierro.

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