ESCOLARES MUY LISTOS. CRÓNICA DE LA QUINTA DE LA FERIA DE PAMPLONA

Ureña sale a hombros tras una tarde que nunca olvidará. Fotografía: Efe.

Ureña sale a hombros tras una tarde que nunca olvidará. Fotografía: Efe.

Puerta grande para Paco Ureña, que debutó en Pamplona y se llevó el lote de la tarde.

Ganado: Seis toros de José Escolar, el primero en calidad de sobrero, correctos de presentación, desiguales, alguno terciado, que se tapó con la cara, deslucidos unos, imposibles otros, peligrosos la mayoría, salvo el cuarto, que tragó sin clase, y el sexto, un buen toro, aplaudido en el arrastre; el segundo, por el contrario, fue pitado.

Diestros:

Francisco Marco: silencio en ambos.

Paulita: pitos y bronca.

Paco Ureña: oreja en ambos. Salió a hombros.

Presidencia: A cargo de María García Barberena, asesorada por Fernando Moreno y la veterinaria Nuria Crespo, cumplió correctamente su cometido.

Incidencias: Lleno. Tarde soleada y agradable. Matadores de toros, subalternos y picadores hicieron el paseíllo descubiertos para reivindicar el valor cultural de la fiesta taurina. El murciano Ureña debutó en la Feria de San Fermín.

La quinta de feria arrojaba dos presentaciones en nuestra plaza: la del ganadero y la del menos veterano de los diestros. El primero suspendió y el espada, sin embargo, no sólo aprobó con buena nota sino que salió a hombros.

Los albaserradas llegados desde Lanzahíta cumplieron en conjunto en el peto, pero sobre todo el segundo, el sexto y, especialmente, el quinto, que peleó con bravura frente al picador.

Sexto toro aparte, fue la característica positiva del encierro de Escolar, que en el último tercio resultó peligroso y deslucido. No dieron opciones de triunfo y en varios casos estuvieron más atentos a las taleguillas, a los cuerpos de los diestros que al engaño que se les ofrecía.

Paco Ureña cerró su faena al sexto con unas manoletinas. Fotografía: Efe.

Paco Ureña cerró su faena al sexto con unas manoletinas. Fotografía: Efe.

Los más radicales toristas defenderán la corrida argumentando que fue de toros, toros, de los de verdad. Se equivocan. Los toros fueron casi más próximos a los del siglo XIX, cuando lo importante era la suerte de varas y la muleta sólo servía como instrumento de preparación para la muerte del astado. Pero el público del siglo XXI acude a la plaza con la esperanza de ver un toro que se desplace con fijeza y que soporte una faena larga, de más de cien muletazos, bañada en un toreo estético. Por tanto, los toros de ayer le defraudaron, sobre todo, porque no sirvieron para la diversión. Aunque también es cierto que, dado su peligro, obligaron al espectador a estar muy atento pues en cualquier momento podía llegar un percance.

Victorioso

De la mano de obra, un espada tuvo la suerte de cara y los otros dos, de espaldas. Paco Ureña se llevó el lote de la tarde y lo supo aprovechar. A sus dos toros los recibió con sendos ramilletes de mecidas verónicas.

El primero de su lote, que derribó espectacularmente al picador Vicente González, aceptó una buena y primera serie con la diestra. Seguidamente, lo intentó al natural y estuvo a punto de ser cazado. Por fortuna, no pasó nada. El murciano siguió toreando con la mano izquierda, jugándosela abiertamente, lo que se tradujo en conexión con los tendidos. Estuvo por encima de un toro al que mató de una casi entera algo caída. Primera oreja de la tarde. El respetable, por fin, había visto algo de toreo.

En sexto lugar, saltó al ruedo el cárdeno Costurero, que cumplió, sólo cumplió en el caballo. El de Escolar tuvo nobleza, incluso bondad, por el pitón derecho, por el que aceptó sin demasiada calidad, la muleta de Ureña, que lo entendió bien y puso todo lo que le faltaba al toro. El espada de Lorca lo intentó al natural, pero por este pitón el toro embestía al pasito y sin terminar de pasar. Por ello, volvió a la diestra y dibujó una buena tanda en redondo, en alegre comunión con la embestida del cinqueño. El público, que llevaba aguantando toda la tarde sin haber visto casi nada de toreo, jaleó al debutante, que terminó su labor con unas manoletinas y una casi entera. Otra oreja, la del triunfo grande, completamente merecido.

Francisco Marco mató bien a los dos de su lote. Fotografía: Efe.

Francisco Marco mató bien a los dos de su lote. Fotografía: Efe.

Francisco Marco, por su parte, tuvo al santo de espaldas. Su primero, el primer toro de la historia de Escolar en Pamplona, Artillero I, derrotó contra un burladero y salió del encuentro perdiendo continuamente las manos. Pañuelo verde, aunque el toro regresó a corrales con un señorial trotecito. El sobrero fue un soso que embistió al paso y con cierta guasa, intentando sorprender para cazar. El espada navarro hizo todo lo posible ante él. Y tampoco pudo hacer algo ante el peligroso cuarto, que, por sus dos pitones, sólo quería coger.

Paulita no tuvo opción pero debió resolver mejor la papeleta. Firmó una tarde para el olvido, aunque el público fue injusto con él.

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