EL NAVARRO JAVIER MARÍN, OREJA Y BAUTISMO DE SANGRE EN TERUEL

avier Marín fue intervenido en la enfemería de la plaza de Santa Eulalia.

avier Marín fue intervenido en la enfemería de la plaza de Santa Eulalia.

El novillero de Cintruénigo sufrió una cornada de diez centímetros en el gemelo derecho.

Ganado: Seis utreros de Hermanos Cambronel, bien presentados, astifinos, nobles, de buen juego en general, salvo el complicado tercero.

Novilleros: Jesús Chover (dos orejas y oreja), Antonio Linares (oreja en ambos) y Javier Marín (oreja con petición de la segunda y vuelta tras petición de oreja).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Santa Eulalia del Campo (Teruel). 24 de agosto.

Incidencias: Más de tres cuartos de plaza. Chover y Linares salieron a hombros. El tercero le propinó a Marín una cornada de diez centímetros en el gemelo derecho, herida de la que fue intervenido en la enfermería de la plaza.

El novillero navarro Javier Marín conoció el domingo pasado las dos caras de la moneda en la plaza turolense de Santa Eulalia del Campo. Por un lado, consiguió una oreja del tercero de la tarde pero, por otro, ese mismo utrero le infirió una cornada de diez centímetros en el gemelo derecho, la primera que recibía en su trayectoria profesional o, lo que es lo mismo, su bautismo de sangre.

Este novillo se comenzó a quedar ya en el capote. En la muleta del navarro, tiró derrotes por el pitón derecho. Por ello, continuó el trasteo con tres tandas de naturales, de magnífico ritmo. Siguió por molinetes y circulares rematados con el de pecho; el primero circular lo tomó bien pero al salir del segundo, se paró y cazó seguidamente al novillero navarro. Fue una cogida aparatosa; derribó al novillero y, ya en el suelo, lo volvió a tirar por los aires. Algo conmocionado, se levantó, continuó el trasteo y terminó con una estocada algo desprendida y con otra arriba. Hubo petición de dos orejas, pero el presidente, que no entendió el pundonor del herido novillero, sólo concedió una.

Tras cobrar el trofeo, Marín pasó al enfermería, donde se le apreció la citada herida de diez centímetros y se le intervino con anestesia local. En otro ejemplo de vergüenza torera, el joven cirbonero la abandonó para lidiar al sextto y último del festejo, un utrero serio, el más cuajado del encierro. En el último tercio, el novillero se gustó en dos tandas derechazos desmayados, que llegaron a los tendidos. Pero, tras ellas, el novillo se sintió podido, se aburrió, fue a peor, se rajó, sacó sentido y se refugió en tablas. En estos terrenos, le realizó un trasteo bastante templado y concluido con un pinchazo, una estocada tendida y dos golpes de descabello. Hubo petición de oreja pero el palco quiso volver a ser protagonista y la negó. Marín dio una aclamada vuelta al ruedo.

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