EL ‘GRAN TRIUNFO’ DE LA IMBECILIDAD. ARTÍCULO DE OPINIÓN.

El toro de Osborne ubicado en Tudela hace unos años.

El toro de Osborne ubicado en Tudela hace unos años.

El derribo del toro de Osborne de Tudela ha puesto de manifiesto la falta de inteligencia de algunos seres humanos.

Estarán orgullosos de su ‘proeza’. Dar un bajonazo, con sierras radiales, al señorial toro de Osborne. ¡Qué valientes! Pensé que podían haber sido unos simples gamberros, pero algo no encajaba, porque en el derribo subyacía un acto de maldad. No había sido una ‘broma’ espontánea sino un acto vandálico premeditado, planeado, estudiado. Pensé asimismo que podían habérselo dado un grupo de antitaurinos, en un ejemplo más de infeliz y perversa mala saña. Y, por último, mi mente me llevó a desfasados abertzales con visceral odio a todo lo que huela a español.

El altivo y querido toro de Osborne, el que tanto ha llamado la atención y gustado a nuestros hijos durante los viajes por carretera, no representa, lo mires por donde lo mires, un caso de ese sufrimiento animal con el que tanto se llenan la boca quienes se denominan animalistas. Precisamente, este caso de vandalismo es propio de animales, de seres con el cerebro perturbado. Los antitaurinos, por tanto, parecían también descartados.

¿Hacía algún daño el negro animal astado de cuatro mil kilos? Claro que no. Por tanto, sólo podía ser obra de ciego fanatismo, que hace recordar a esos integristas musulmanes que han acabado con gran parte de ese tesoro arquitectónico, arqueológico, de Palmira. En ambos casos, se puede hablar del triunfo de la sinrazón, de la involución del ser humano, de un alarmante y preocupante retroceso intelectual, a tiempos más propios de la Edad Media.

Sólo quedaba, pues, que hubiese sido obra de abertzales. ¡Bingo!. Ésstos, además de dar una muestra de imbecilidad, la han dado también de incultura, ya que, al parecer, desconocen –o no quieren saber- que Navarra siempre ha sido tierra de toros de bravos, de ganaderías siempre recordadas y de valientes toreros. Es decir, pensar que el toro es igual a español es una necedad; porque el toro es español, francés, portugués, colombiano, peruano, mexicano, venezolano y ecuatoriano. Por tanto, también es navarro, y andaluz, y castellano, y levantino, y aragonés, y madrileño, y catalán, y extremeño… El toro es universal.

Aunque no lo reconozcan, estos patéticos patriotas seguro que se han dado cuenta ya de lo absurdo de su actuación. La empresa Osborne ha asegurado que lo repondrá. Por ello, lo importante ahora es que los culpables caigan en manos de la Ley y paguen por su fechoría. Tal vez, ellos tengan que pasar una rehabilitante temporada a la sombra, mientras que el toro de Osborne, orgulloso de su estirpe, seguirá recibiendo el reconfortante sol tudelano. Como debe ser.

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