BUENOS TERCIOS DE VARAS EN LA CIUDAD DEL CIDACOS Y MUY POCO MÁS

Varios toros se arrancaron de lejos al caballo.

Los toros de Tomás Prieto de la Cal acusaron en la muleta el castigo recibido en el caballo. Reportaje fotográfico: Aerizalde.

Ganado: Seis toros de Tomás Prieto de la Cal, bien presentados, cinqueños, salvo el cuarto, que en conjunto protagonizaron espectaculares tercios de varas, pero que acusaron el castigo y se vinieron abajo en el último tercio, salvo el tercero y el quinto; éste y el cuarto fueron aplaudidos en el arrastre.

Toreros: Sánchez Vara (saludos desde el tercio y vuelta al ruedo), Serafín Marín (silencio en ambos) y Javier Orozco (oreja y silencio).

Lugar y fecha: Plaza de toros de Tafalla (Navarra). 23 de octubre de 2021.

Presidencia: a cargo de Jacinto Goñi, asesorado por Francisco Sagardía y el veterinario Jesús Miguel Blanco, cumplió correctamente su cometido.

Incidencias: Tarde soleada y agradable. Menos de media plaza. Primer festejo con muerte en esta plaza desde 2019. Orozco se presentó en Navarra como matador de toros. Juan Carlos Donaire y Ángel Luis Mayoral saludaron montera en mano tras banderillear al tercero de la tarde.

Tarde de expectación, tarde de decepción. El regreso de las corridas de toros a Tafalla dejó muy poco para el recuerdo, nada, o casi nada. Varios toros del buen ganadero que es Tomás Prieto de la Cal protagonizaron espectaculares tercios de varas, arrancándose desde lejos y entregándose unas veces y saliendo sueltos otras. Eso fue todo, o casi todo. En el último tercio, decepcionaron. Ahora bien, no se pueden pedir maravillas después del duro castigo al que fueron sometidos. En cualquier caso, muy agarrados al piso y sin entrega alguna, ofrecieron muy escasas posibilidades de triunfo; si se quiere, la excepción fueron el tercero, el más toreable de la tarde, y el noble quinto.

En tal situación, el triunfador del festejo fue Javier Orozco, que se presentó en Navarra como matador de toros y consiguió la única oreja de la tarde. La cobró del tercero, del jabonero Farolero, número 15, que en el pasado mes de enero cumplió los cinco años y que realizó una salida espectacular, con mucha movilidad en el recibo por verónicas. El toro fue bravo en dos varas en las que fue desde lejos al caballo. Orozco lo brindó al ganadero pero con la muleta no llegó a acoplarse. No lo entendió. En vez de sacarle los muletazos de uno en uno, debió llevarlo muy empapado en el engaños para que siguiese embistiendo y la ligazón fuese posible. Lo mejor del trasteo del joven rondeño fue una serie por el pitón derecho. Mató de una buena estocada y cobró un trofeo, pese a que estuvo por debajo de la materia prima.

El sexto no le dio opciones de triunfo grande. Se desentendió del peto y en la muleta anduvo muy justo de fuerza y resultó muy parado, careció de transmisión. El malagueño lo intentó pero no pudo demostrar. Además, tardó en matar y obligó así al público a guardar silencio.

Sánchez Vara, por su parte, dio la cara. El que abrió plaza no anduvo sobrado de fuerza. En varas, le costó ir al peto pero se empleó en la única vez que acudió. El diestro de Guadalajara puso banderillas, pero sin brillo. Brindó al público y realizó una faena corta, carente de quietud. Mató al segundo intento y saludó desde el tercio.

Mejoró algo su imagen frente al cuarto, jabonero asimismo y también llamado Rompedor, como el primero; éste con el famoso número 35 y el otro, con el 87. Le fallaron los cuartos traseros de salida pero tomó dos varas viniendo desde lejos –dos señores puyazos- y todavía aceptó un tercero, éste con el regatón. En banderillas, clavó dos pares buenos pero emborronó el tercio con un tercero con la silla. En el último tercio se encontró con un ejemplar que tuvo mucha fijeza pero el espada no le dio la distancia adecuada y no corrigió defectos del astado, que tiraba gañafones. Tras ejecutar alguna tanda potable, mató de media de efectos rápidos y, que sí que no, se aventuró a dar una vuelta al ruedo.

Serafín Marín, por último, fue el menos afortunado en el sorteo. Su primero, jabonero, se golpeó de salida contra un burladero y pareció descoordinado. En varas, se empeñaron en ponerlo de lejos tres veces al caballo; el toro acudió al caballo pero salió suelto, haciendo cosas ajenas a la bravura. En la muleta, resultó complicado, echó la cara arriba. El matador le fue sacando muletazos de uno en uno, pero nunca llegó a confiarse. Mató de un feo metisaca, que prologó el silencio del público.

El negro quinto, muy suelto de salida, fue bravo en el caballo. Acudió cuatro veces al peto y en la mayoría de ellas se empleó. En la muleta, resultó noble y colaborador. Marín llegó a sentirse a gusto ante él pero no sacó todo lo bueno que tenía el toro. Mató de una media delantera y dos descabellos. Más silencio. Terminado el festejo, se resintió de una vieja lesión de hombro derecho y pasó a la enfermería.

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