ARMENDÁRIZ CORTA UNA OREJA EN EL ‘ESPERPENTO’ TAURINO DE MURO

En primer término, en el callejón Paco Ramos, auxiliador de Armendáriz, que aparece de espaldas con casaca gris.

En primer término, en el callejón Paco Ramos, auxiliador de Armendáriz, que aparece de espaldas con casaca gris.

El festejo se detuvo dos veces porque toreros y profesionales reclamaban cobrar sus honorarios, y concluyó a las once de la noche.

La corrida de toros mixta celebrada ayer en la plaza balear de Muro acabó convertida en escándalo público, lamentable, en uno de ésos que el mundo del toro no puede permitirse. Testigo fue Roberto Armendáriz, que recibió el silencio de los tendidos tras matar al novillo que abrió plaza y que le cortó una oreja al quinto, también marcado con el hierro de El Onsareño.

            Para el toreo a pie esperaba en los corrales un serio encierro de toros de Partido de Resina. Lo iban a lidiar Javier Castaño, Alberto Lamelas y Cristian Escribano. La corrida se paró dos veces e incluso estuvo a punto de suspenderse, según publica Mundotoro. El público se descontroló, lanzó objetos al ruedo; un “altercado de orden público de primera magnitud con presencia de las fuerzas de seguridad para salvaguardar y proteger la integridad de los de luces. Y cuando parecía que ya nada podía ir a peor se va la luz”, se asegura en el citado portal.

Al parecer, la cuadra de picar no estaba preparada para dar cara a una corrida de plaza de primera y los picadores rodaron por los suelos. “El responsable, Juan Antonio Malondra, empresario del coso. Que se tomen medidas urgentes para que este episodio lamentable no vuelva a repetirse”, reclama Mundotoro.

Lo cierto es que, tras lidiar Armendáriz al que abrió plaza, se paró el festejo. Toreros y profesionales exigían que se les pagase unos honorarios que no habían cobrado. Llegaron a un acuerdo con la empresa y se reanudó el festejo. Toreó Javier Castaño (saludos) y el festejo volvió a pararse; los actuantes se solidarizaron con la cuadra de picar, que tampoco había recibido sus emolumentos. El público comenzó a impacientarse. Las partes llegaron a un acuerdo y se reanudó el espectáculo con la actuación de Lamelas.

Seguidamente, llegó el turno de Escribano. Salió el picador y desde el tendido llovieron botellas. Estalló el escándalo público. Muchos espectadores la tomaron con los toreros, que dejaron de torear y se pusieron a cubierto. Intervinieron las fuerzas de seguridad y detuvieron a los alborotadores, que fueron expulsados de la plaza. Escribano concluyó su faena y fue silenciado. Armendáriz cobró una oreja del quinto y Castaño, el silencio de los tendidos. Lamelas le cortó una oreja al séptimo y se fue la luz. Todos a oscuras. En el último momento, se hizo la luz y Escribano pasaportó al octavo, y puso así a un esperpéntico festejo que no debe repetirse jamás.

De este modo, el resultado fue el siguiente: Roberto Armendáriz (silencio y oreja), Javier Castaño (saludos y silencio tras aviso), Alberto Lamelas (silencio tras aviso y oreja con petición de la segunda) y Cristian Escribano (silencio en ambos). La entrada fue de más de media plaza.

Así pues, esta corrida, que comenzó a las 6,30 de la tarde, concluyó a las once de la noche. La plaza celebraba su centenario, pero no pudo hacerlo de peor manera.

Otro trofeo

El jinete navarro había conseguido otro trofeo el día anterior, esta vez en la plaza toledana de La Mata, donde alternó con los novilleros Javier Gallardo, Rubén Fernández y Álvaro Alcorcón. El jinete navarro se las vio con un novillo de Carmen Arroyo, mansito, con querencia a tablas, ante el que todo lo tuvo que hacer el torero de Noain.

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