Yglesias fue cogido por el sexto y sufrió una espeluznante voltereta, pasó a la enfermería y, minutos después, regresó al ruedo para terminar con el utrero. Fotografías: Jesús Caso.
Ganado: utreros de Tornay, desiguales, flojos, nobles y manejables. Primero, inválido. Tercero, más potable. El quinto se derrumba en la muleta.
Novilleros: Bruno Aloi (silencio y oreja). Pedro Andrés (silencio tras aviso y oreja) y Jesús Yglesias (oreja y silencio), que ha sustituido a Mariscal Ruiz.
Incidencias: Media plaza. Tarde de fuertes rachas de molesto viento. Yglesias, tras una larga cambiada de rodillas, ha sido cogido por el sexto; sufre una terrible voltereta que hace pensar en dura cornada; pasa a la enfermería y sale de ella, sin chaquetilla, para continuar la lidia.
Comenzó la Feria de Santiago y Santa Ana con estreno de nueva gerencia. La Chata de Griseras acogió una novillada picada que se saldó con oreja por coleta a pesar del mal juego, y también desigual presentación, de los utreros de Tornay Maldonado. Y a pesar de las fuertes rachas de viento que en muchas ocasiones molestaron en el manejo de los engañosos e, incluso, pusieron en serio peligro a los novilleros. Los trofeos parecen repartir justicia a la entrega de los tres novilleros: Bruno Aloi, Pedro Andrés y Jesús Yglesias; este último sustituyó al anunciado Alejandro Mariscal Ruiz.
Igualada de trofeos para la reseña, mas, sin ninguna duda, fue el mexicano Bruno Aloi el que mejor estuvo, además de ser el de más experiencia. Un chaval con una facilidad técnica y valor asombrosos. Topó con un lote muy malo por falta de casta y fuerza de los animales. Ante el inválido y chico primero de la función ya mostró su categoría, aunque era mucho más que imposible lograr algo de lucimiento y dominio porque el de Tornay estuvo más tiempo tumbado en el suelo que en pie. El cuarto, Hojerizo I con h y todo, no se caía, pero no pasaba; si lo hacía era calamocheando su falta de fuerza y mostrando su comportamiento mirando al tendido. La verdad, todos los novillos humillaron con nobleza, pero no pasando del todo o saliendo desentendidos. Al tal Hojerizo I parecía sólo imposible sacarle algo. Se empeñó Bruno Aloi a robarle todo lo que tenía, pero fue más allá de conseguir exprimirlo. Con elegante y poderosa tenacidad, y siempre bien colocado, hipnotizó y deshojerizó al animal en una faena como para volver a ver en vídeos varias veces y pasarla por las escuelas taurinas del Planeta Toros.
De la Escuela de Salamanca venían los otros dos novilleros. Fue una alegría grande comprobar que hay un alavés queriendo ser torero: Pedro Andrés, compañero del salmantino Jesús Yglesias. Los dos mostraron, además de su indudable entrega, buenas y finas maneras manejando los engaños. En su debe apuntamos su falta de buena colocación en bastantes de los pasajes y tandas en redondo o al natural. Los más artístico de la tarde lo logró, con la mano baja y gustándose, Yglesias ante el tercero, Barbecho I, que fue, de lejos, el utrero con más posibilidades de la tarde.
La banda no se enteró y se puso a tocar cuando la manufactura tocaba a su fin. Mérito de un chaval que, además de ser sólo la tercera novillada picada de su carrera, afrontó toda su labor en el centro del ruedo y sin inmutarse con los más feos saludos de Eolo. Mató de espadazo atravesado eficaz. La oreja, merecida. Salió a revientacalderas para ganarse la salida a hombros ante el sexto, el novillo más cuajado, pero a la postre el más descastado. En un remate con el percal por alto de rodillas sufrió una cogida colosal. Pareció muy grave la cosa. No caló y pudo volver de la enfermería. Él a sol, el toro nada. Estocada que hizo guardia.
Pedro Andrés, bien con el altón segundo, pero mató mal. Al parado quinto le aplicó un arrimón en la solanera. Mató bien y oreja.
Crónica de Manuel Sagüés, publicada en Diario de Noticias.





























Festejos taurinos Pamplona, S. XIX